miércoles, 29 de junio de 2011

Discurrir.

Y sin darme cuenta me cansé. En un suspiro lento el peso de los recuerdos profanaron la paz, un dulce susurro retumbaba en mi mente como flagelos de felicidades turbiamente alcanzadas.

Lenta
        Sofocante
                          ¡Necesaria!

…Así definía esas extrañas sensaciones; recuerdos, manías, desaciertos. Un mar de buenas acciones opacadas por el grisáceo velo del tiempo, un corazón amable que olvidó el efecto que su andar tenía. Tal vez maldiciones, tal vez oraciones, tal vez las palabras escaseaban ante un manantial de imágenes que confundían y anhelaban; marjales atemporales atestados de vivencias propias y ajenas.

Mezclaba sueños y pesadillas – sin contar una que otra tontería-. Buscando siempre ese momento en que las voces en mi cabeza dejaran de gritar respuestas a acciones no vividas. Así es mi mente, un bosque de imágenes volátiles, impregnadas de fugaces reacciones, inmensas sensaciones, sublimes melodías…

domingo, 26 de junio de 2011

sábado, 25 de junio de 2011

Capítulo tres: infructuoso trámite

Es él…

Se encontraba mirando a aquel hombre de ojos verdes, completamente enajenada, sin embargo fue solo hasta que el viento sopló que el noto su presencia. Tenía como separador de páginas una hoja gruesa de diversas tonalidades de verde, cosa que desvió momentáneamente la atención de Anna Elise de la cara de aquella persona al curioso objeto.

No es tan difícil encontrarte Eli – Levantó la cabeza para mirarla a los ojos, su presencia le resultó perturbadoramente familiar –Debes cuidar más eso, dentro de poco vendrán a buscarte personas no muy agradables.

Disculpa, ¿cómo sabes mi nombre? –Tal vez él no era una persona muy agradable, alguien con la capacidad de entrar en los sueños no debía serlo, pensó- ¿Quién eres?

Sí recordaba lo desconfiada que era, pero supuse que después de lo del fin de semana no lo serías más –Y con una mirada de nostalgia recorrió el rostro de Anna Elise- Soy Jasper van Aldenberg –Le estiró la mano para saludarla formalmente-Supongo que una presentación tal y como es debido no está de más en este caso.

Me resultas familiar…

¿Qué le sucede a tu memoria?, todo un sueño de regresión durante dos días seguidos y sigues desconfiando de mí, ese es el objetivo de ese trámite Eli.

Anna Elisa ahora estaba más que convencida que aquel hombre fue quien invadió su conciencia durante el fin de semana, pero no se sentía cómoda comunicándoselo, no sabía quién era, ni que intenciones tenía, no lo sabía certeramente pero algo dentro de ella la invitaba a acercarse al extraño, esto último la confundió aún más, ¿Será algún truco de esta persona para que haga lo que me pida?, no se sentía como eso.

Jasper van Aldenberg, lo lamento pero debo entrar al trabajo, debo irme.

¿Tu pie ya sanó?

Su corazón volvía a desbocarse, Anna Elise tenía unas manchas de nacimiento en el pie izquierdo, manchas que desde hace una semana se habían estado moviendo, por lo que ella había pedido que le revisaran tan inusual sensación por miedo a cáncer, pero los resultados aún no llegaban. ¿Sería aquel sujeto amigo de sus médicos, tal vez colega?

Sí, esta mañana no tuve más dolor, ¿es usted médico, por eso ha venido, para decirme que tengo cáncer?

No tienes cáncer Eli, pero te aseguro que es algo aún más trascendental, ya veo que aún no estás preparada, volveré en otro momento.

martes, 21 de junio de 2011

No se me importa un pito que las mujeres...



No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.


Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias; 
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.

Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,

y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.



Oliverio Girondo

domingo, 19 de junio de 2011

Un mal día.

Salomón guardó silencio. Por un momento sintió el peso del tiempo doblegar sus piernas, en tres segundos su tez se transfiguró haciéndole envejecer  treinta años, así;  como un alma  marchitada por la edad, aquel jovial rostro quedó enterrado en marejadas de arrugas y enigmas. Guardó silencio remembrando cada pequeña faceta, todas aquellas variables que minúsculas desbocaban en un aciago día, un día de mortuoria tristeza.

Un pequeño grito impulsado por el cólera y sentimientos de rebeldía desembocó aquel suspiro previo a un infarto; un simple grito abonó la muerte de su abuela. El impulso de correr negándose a enfrentar tan inhóspito suceso generó aquel amargo accidente: tres niños en estado de coma por una moto que perdió su rumbo al evitar golpearlo.

Como si las maldiciones encontraran refugio en su aliento temía hablar y destruir el mundo; corrió rápido,  corrió rumbo al Norte. Cada paso le revelaba un paisaje cambiante, la alegría era derrocada por caos y confusión, aquellas bellas melodías ofrecidas por los niños se tornaban densas, lúgubres…   
Una vez en el risco del Norte contempló el abismo con seductores ojos,  escuchaba voces maldecir en su cabeza, oía llantos, risas susurros. Una voz que le invitaba a saltar para así abandonar esa locura, otra voz que le suplicaba cordura y redención.

Salomón guardó silencio mientras dejaba que el peso del tiempo doblegara sus piernas.

viernes, 17 de junio de 2011

Mentiras del pasado.



Canción con canción recuerdo,
Aquellas bellas historias, sinfonías
Raudas que me hicieron hombre.

Día y noche me siento solo,
Alejado de aquellas dulces promesas,
Mentiras siempre dispuestas.

Oraciones de benditas esperanzas
Melodías de negro corazón,
Odas a un tiempo que nunca llegará.

lunes, 13 de junio de 2011

Capitulo Dos: El primer encuentro

Sus manos poco a poco se salían de control, brillaban en una especie de fulgor azul que penetraba los rincones de aquel lugar de amplios techos, el fulgor se apoderaba de sus dedos, de sus manos y subía por sus brazos hasta tomar posesión de sus hombros y al conectarse en su pecho se extendió completamente en su cuerpo.

Anna Elisa se había convertido en una luz antropomorfa de consistencia líquida y tonalidad azul, sus cabellos ondeaban entre la habitación como al estar bajo el agua. La mujer de piel morena se puso en pie frente a Anna y sobre ella extendió sus brazos líquidos para bajar a la joven y devolverle su consistencia natural, acto seguido, su cuerpo suspendió actividad.

Él había llegado a ese lugar tal y como Anna Elisa lo había hecho, sin idea certera del cómo y el por qué, pero con una plena certeza de encontrarse mejor allí que en ningún otro lugar antes. Presenció aquella majestuosa transformación en elemento que realizó ese joven cuerpo, pero ella solo pudo divisar a un muchacho alto de ojos verdes que le centelleaban a través de aquel velo que rodeaba su humanidad.

Cuando Anna abrió los ojos, un hombre de grandes proporciones se encontraba absorto en la lectura de un grueso libro sentado a los pies de su cama, al notar el cambio en el ritmo de respiración Mark miró el rostro de la joven, la saludo con una cordial sonrisa y se retiró de la habitación. Al regresar con dos tazas de té, no se volvió a marchar hasta la salida del sol del día siguiente.

Te quiero.

Tus manos son mi caricia 
mis acordes cotidianos 
te quiero porque tus manos 
trabajan por la justicia 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

tus ojos son mi conjuro 
contra la mala jornada 
te quiero por tu mirada 
que mira y siembra futuro 

tu boca que es tuya y mía 
tu boca no se equivoca 
te quiero porque tu boca 
sabe gritar rebeldía 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

y por tu rostro sincero 
y tu paso vagabundo 
y tu llanto por el mundo 
porque sos pueblo te quiero 

y porque amor no es aureola 
ni cándida moraleja 
y porque somos pareja 
que sabe que no está sola 

te quiero en mi paraíso 
es decir que en mi país 
la gente viva feliz 
aunque no tenga permiso 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos.


Armando Benedetti.

domingo, 12 de junio de 2011

Meditación

La batalla en el ducado debía esperar mientras tanto los hombres empezaron a reorganizar y montar escuadras completas de vigilancia. En el centro de aquel mercado de esperanzas se encontraba Lady Séni reposando, su herida aún sangraba haciéndole recordar la traición,  el dolor, la deshonra;  Malith murió arrastrándose con ella la confianza de su señora en todos los seres queridos, Malith feneció arrastrando un gran pedazo de esperanza.

Al cabo del segundo día los sargentos y su señora empezaban a reorganizar la estrategia, algunos batidores regresaban del Norte con noticias nuevas sobre los jinetes de las tierras barbáricas; éstos se estaban agrupando en el Valle Gris enviando eventualmente escuadras hacia el Ducado Frío, saqueando, asesinando, destruyendo todo aquello que se movía. Las pocas personas que aún permanecían era campesinos y pastores tratados todos como esclavos; el Ducado había sido tomado pero no habitaban entre las murallas del castillo. A los jinetes se les habían sumado unos clanes de combatientes del Norte, Los Hombres sin luz, conocidos por su gran fuerza, de piel blanca, cabellos castaños y un amor por el clamor de la batalla que les hacían temidos.

-Los jinetes nos esperarán en el valle, apenas bajemos los Hombres sin Luz nos rodearán a través de las colinas del Este para encerrarnos, será una masacre si actuamos así –añadió Lady Séni-
-Bien, aún podemos jugarnos algo –acentuó gravemente Ser Allaham- Las colinas se extienden de forma abrupta hacia mi hogar en el Norte, por tanto no debemos preocuparnos, el valle se extiende al Sur hasta un bosque y luego se curva hacia el mar así que  la pelea será en avanzada del valle hacia el Sur-Oeste, Ahora bien, debemos esperarlos en un único lugar, existe un pequeño camino que comunica la entrada del valle con éste paso, no posee más de cien metros, si queremos mantenernos con vida debemos batallar allá, eso hará que sus jinetes no puedan atacarnos por los flancos mas…
-Mas significa un ataque directo -interpuso Lady Séni- bien,  ya no contamos con tiempo, probablemente aquellos Hombres sin Luz ya se encuentran entre el bosque de la colina cercana esperando devastar con sus técnicas de guerrilla; las lanzas que usan pueden volcarse en nuestra contra, si ellos nos esperan en el borde de la colina estaremos apresados entre el camino, los jinetes y una lluvia de madera con hierro.  Tenemos que librar dos batallas, unos cinco mil jinetes y tal vez mil guerrilleros del Norte. Tenemos trescientos jinetes y alrededor de ochocientos hombres.

Lady Séni decidió que avanzaría hasta estar a un kilometro de distancia del camino hacia el valle, allí apenas sus hombre se posicionaran empezaría a talar los árboles alrededor para cerrar la entrada al valle, el terreno subía y bajaba de forma un poco abrupta haciendo irregular aquella meseta, aunque; una vez despejada de árboles sería un buen sitio para cabalgar. El camino a diferencia de la entrada al valle no podía ser más ancho que cinco caballos uno tras otro, de librar una batalla y salir victoriosos, ese sería el lugar.

miércoles, 8 de junio de 2011

Seducción y Traición

Por orden de su majestad El Rey Amplio, apodado así por su generosidad más que su contextura física. Se organizo un torneo de combate para saber las habilidades de batalla que poseía cada hombre de su reino. Por varios días se llevaron a cabo justas entre plebeyos, nobles, caballeros y todo aquel que quisiera demostrar su valía. En el tercer día de combate apareció Marion, una terrateniente de sembradíos de fresa, quien pedía una oportunidad para mostrar sus habilidades para la batalla, El Rey Amplio en ese momento más lleno de vino que de generosidad, accedió a las peticiones de la joven y de inmediato pidió a sus herreros encontrarle una armadura, pero Marion simplemente se rehusó a llevar una armadura ya que eso sólo entorpecería su “estrategia” de batalla.

Esto lleno aun más de curiosidad al rey amplio y a toda su corte, quienes esperaban ansiosos el momento en que esta joven se enfrentara en batalla. Cuando por fin llego el turno de Marion, los ojos voltearon a ver su contrincante, quien era nada más y nada menos que el Sir Barathar “puño de cólera”, campeón de innumerables torneos de toda la tierra explorada por el hombre. De inmediato el temor por la suerte de Marion se apodero de todos los cortesanos, pero más aún del Rey Amplio, al que el sentimiento de culpa por un posible fatal desenlace de esta joven no le dejaba ni con todo el contenido de su bota de vino corriendo libremente por su cabeza.

Llegada la hora del combate, Barathar desenfundo su espada y cuando estaba a punto de lanzarse contra su contrincante, se detuvo al ver que Marion sólo se recogió el cabello, humedeció sus labios y luego se acerco lentamente hacia él moviendo sus caderas, impávido y en silencio Barathar miraba a los ojos, los ojos azules y profundos de Marion, caminó lentamente hacia ella, la tomo en sus brazos y se sintió como en algún encanto que se describe en historias de seducción. Cuando la estocada de una daga en el cuello de Barathar, de manos de Marion acabo con ese silencio que se había apoderado de todos los que observaban esta batalla. Barathar cayó al suelo herido de muerte y mirando a Marion a los ojos, expiró. Es así como queda claro que en algunos casos es imprescindible para la victoria, la seducción y la traición.

martes, 7 de junio de 2011

Sangre revelada.

La noche fue fría y oscura, sin embargo emprendieron camino; una larga hilera de jinetes avanzaban embriagados por una melancólica presión, cada paso en avanzada era un tranco más cercano a un posible fina fatídico. la lúgubre jornada se fue perdiendo, luego de cuatro horas acamparon contra los riscos de aquel camino en piedra, cobijados por las sombras, resguardados con coraje.

Lady Séni avanzaba en la cabecera junto a sus cuatro sargentos y guardia personal, el ducado de Viento Frío les esperaba a unas ocho horas más de viaje, por lo pronto lo más conveniente era descansar. . La mañana se levantó grisácea, melancólica; en silencio los hombres avanzaban elevando loas a los dioses, una voluntad fuerte era necesaria. Algunos capitanes reflejaban cansancio y miedo, aquel estandarte de la luna había empozado desesperanza en aquellos bravos corazones. Tras cuatro horas más de viaje decidieron parar para reposar, el último aliento ante la tempestad, así muchos lo sentían.

Entre las carpas se levantaba una tienda majestuosa, con sedas violetas y una luna plateada acompañada de dos estrellas doradas, en ella Lady Séni descansaba, en la puerta dos hombres de su guardia personal custodiaban con normalidad, después de una hora, una joven se acercó con algo de fruta, pan y carnes secas en una canasta, su mirada gritaba ternura mientras aquellas manos gentilmente tocaban los torsos cansados de dicha guardia, luego de un pequeño cruce de palabras la dejaron entrar.

-Lady Séni, mi señora, disculpa mi intromisión.
-No te preocupes Malith, te agradezco enormemente todas vuestras atenciones, sigue, siéntate.

Malith conocía el terrible secreto de su señora, aquel antebrazo lastimado se deformaba y moría cada vez más rápido, sin decir nada a nadie le traía algunas hojas secas reservadas sólo para los accidentes más severos. Mientras limpiaba sus heridas, aquellas gentiles manos le acariciaban con ternura, como si vislumbraran juntas un futuro pleno y feliz. El calor de las hojas maceradas en oleos sumado al tenue olor a jazmín introducían a Lady Séni en un suave trance. Las manos de Malith –jóvenes y delicadas-, encontraban reposo en el delgado cuello de su señora, gentilmente con las gemas empezó a bajar hasta encontrar un pecho tibio y latente. Se acercó más, cada vez más cerca, la respiración de ambas se mezclaba con el olor de los oleos hasta fundir sus labios en una melodía carnal y perenne.

Seducida por la calma Lady Séni no vio venir el puñal que atravesaba su vientre, el dolor la abstrajo de tan cálida sensación, al abrir sus ojos el panorama cambio; su bella asistente ahora vestía unos ojos llenos de frenesí, con una sonrisa desprovista de cordura saboreaba la muerte de la Capitana. El grito de dolor no se hizo esperar, Lady Séni golpeó la tráquea de la muchacha y con un codo la empujó hacia un lado, se incorporó y arrancó el puñal de su vientre mientras la cálida sangre manchaba con carmesí terror sus prendas. Avanzó hacia Malith, entendiendo que no era ya aquella joven de gran aprecio, se acercó y de una patada golpeó su rodilla desplazando la rótula, Malith cayó gritando a la par que los guardias entraban, en el mismo momento en que Séni atravesaba su cuello y giraba aquel cuchillo.

Una vez en el suelo y sin cabeza un collar de negra plata sobresalía de los atuendos, al tomarlo notó como un dije en forma de luna sangraba con el estirpe propio de su gente amada, una luna menguante que auguraba perdición y blasfemias, una luna menguante que había traído a su casa la guerra y el dolor. Lady Séni se sentó mientras recibía atención, la herida era suturada, mas su alma se hallaba destrozada, la batalla en el Ducado de Viento Frio debía ser aplazada, llenando de fuerzas a sus enemigos, sumergiendo a sus aliados en una deprimente espera.

domingo, 5 de junio de 2011

Venganza.

Frida siempre tuvo unos ojos pequeños y un gato gris. Cada noche antes de acostarse lavaba sus manos en leche, encendía incienso en su ventana, arrojaba  al aire semillas de mostaza; cada acto como un ritual sacro, cada suceso colmado de inocente poder.  Una vez dormida, era  el mordaz felino quien vigilaba su sueño enredándose en la larga bata carmesí.

Con el tiempo los días se tornaban cada vez más largos; extenuantes jornadas impregnadas por el estrés debilitaban  la energía implacable de la buena Frida, la comida era instantánea, los rituales cada vez más cortos. En una noche de Junio, cuando la luna jugaba a esconderse, ella olvidó sus liturgias.  Mientras dormía soñó con árboles que majestuosos se incendiaban y su crepitación rompía el horizonte, vislumbró demonios blasfemando en idiomas extintos arrebatándose unos a otros las entrañas, notó como un par de ellos se empezaron a acercar.

Frida asustada comenzó a correr, el calor del suelo aplacaba el dolor de las rocas cortando su piel, cada paso era una agónica carrera por sobrevivir pero una carrera muy larga,  cuando las fuerzas se esfumaron y la muerte descendía sobre ella fue aquel fiel felino de corazón gigante quien de un salto cortó las gargantas de aquellos demonios para finalmente regresar sobre sus pasos y calmar a su dueña.

Frida despertó de un sobre salto, bañada en sudor y con los pies sangrantes, junto a ellos y sin dejar de mirarle Don Gastón sostenía una vara de incienso encendida, sin dejar de mirarle la arrojó contra sus pies, sin dejar de mirarle se enredó en su bata carmesí.

miércoles, 1 de junio de 2011

Capítulo uno: el despertar.

Cuando Anna Elisa abrió los ojos en la mañana de lunes, no podía creer que siguiera tarareando la misma canción con la que se acostó a dormir el viernes en la noche. Al repasar ese fin de semana, no encontraba un solo recuerdo confiable, todo lo que llegaban a su mente eran imágenes fulminantes de un amorío con un hombre muy alto de ojos verdes. ¿Pero cómo, si Raphael no es mucho más alto que yo y sus ojos son indudablemente azules?

Mientras preparaba su café matutino se dispuso a llamar a Raphael a su teléfono móvil.

-Anna, que placer escucharte tan temprano, pensaba en llamarte más tarde, escucha, estoy seguro de que olvide mis anteojos de sol en tu apartamento.

-¿Cuándo los olvidaste?

-El sábado en la noche sin duda, me los quité cuando terminamos de ver esa película francesa que tanto te gustó, y como el domingo desayunamos con Syd no recordé guardarlos.

-…ah sí, tu viniste el sábado… y desayunamos con Syd el domingo – murmuró para sí.

Todo lo que Anna Elisa recordaba con certeza eran cientos y cientos de desayunos con aquel hombre alto de ojos verdes, desayunos a solas, con otros, con niños, en la cama, en restaurantes, en jardines; pero no el desayuno del domingo junto a Syd y Raphael.

-No te escucho bien Anna, ¿será que puedo pasar esta tarde a buscarlos?

De camino a la librería de la calle mayor, Anna Elisa trato de hacer memoria sobre su fin de semana, pero más imágenes con el mismo hombre llegaron a su cabeza, como si el sueño profundo hubiera absorbido su conciencia de un fin de semana completamente.

Su pulso se había comenzado a acelerar, no era una mujer de muchas virtudes, no era mi muy linda ni muy fea, ni muy alta ni muy baja, ni muy gorda ni muy flaca, ni muy rubia ni muy morena, ni muy encantadora ni muy insípida, ni muy divertida ni muy aburrida. Es él.

Brevemente, el aire se tornó un poco más caliente de lo acostumbrado para la mañana de un verano que recién comienza. Es él.

Es él, no había sido ningún sueño, el hombre muy alto de ojos verdes existía, y tomaba café en la mañana como ella, leyendo un libro de bolsillo como ella, cruzando las piernas debajo de la mesa como ella.

Su corazón quería abandonar el cuerpo por la boca, estaba segura de que lo sentía latir en la garganta… latir, más bien temblar, sacudirse, que importa, total estaría muerta en unos segundos, lo presentía.