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martes, 3 de enero de 2012

Día de previos

Ante los ojos de Marlene la realidad se transformaba, miró su mano derecha recién operada, la férula blanca parecía palpitar con ritmo propio. Toon tuc toon Toon tuc tat Pequeñas flores peludas empezaron a emerger, danzaban rítmicamente mientras duendecillos verdes saltaban de pétalo en pétalo. De repente, la suegra de Pantaleón -el más errático y alcoholizado- empezó a corretearlo con un pequeño cañón que disparaba limones. Cuando un lelocotonesco limón le golpeó, el quedó atrapado en una esfera que rebotaba sin parar hasta salir de ese universo llamado mano y aterrizó sobre unas arrugadas hojas llenas de operaciones matemáticas. Cuando fue estrellado contra las inecuaciones diferenciales, Pantaleón empezó a crecer y volverse metalizado, como un cybor de extraña tendencia vegetariana. En definitiva, el estrés y los champiñones salvajes nunca deben mezclarse.

martes, 30 de agosto de 2011

Antologías de libertad.

She comes in colors everywhere; She combs her hair, She's like a rainbow tarareaba alegremente Melissa a través de su ventana; su largo y tibio cabello resplandecía al fulgor del amanecer y en la lontananza se elevaban mariposas como quiméricas loas a la imaginación. Soñó desde pequeña con seguir la ruta que el viento dicta, con escalar montañas bañadas en crisálidas de nieve y sumergirse en ríos de colores. Anhelaba también encontrar las rutas secretas que llevaban a su Irlanda de ensueño, plagada de duendes y fatas, con vastas praderas de alegres colores engalanadas por  arcoíris revoloteantes.

Pero el tiempo pasó e inexorable le obligó a olvidar, las labores diarias y compromisos repentinos eran pequeñas prisiones que su soñar menguaba. Con nostalgia contemplaba un horizonte monocromático, embriagada en la nostalgia fallecía al sentir su alma morir de pena. El cabello blanco y estéril marcaba el paso de unos años no vividos, la lágrima descendiente un dolor nunca curado.

She comes in colors everywhere; She combs her hair, She's like a rainbow tarareaba alegremente Melissa en un amanecer primaveral y su cabello se engalanaba con el dorado fulgor del Sol, su diario vivir era exigente pero a través de su ventana podía volar y ser libre, segundos de libertad, libertad en segundos.

jueves, 25 de agosto de 2011

Alcoholismo

Las luces la noche hacian brillar el pelo de Amy, quien sin duda era la joya de la familia, mientras se encontraba fuera de casa lavando las ropas de su madre alcoholica, quien después de darse un baño, cayó dormida profundamente tras su dieta diaria de alcohol.

Para Amy, el mayor de los temores era llegar a ser alguna vez como ella, pues entendía que los hijos solían parecerse a los padres hasta en la actitud, y mientras para otros esto podía llegar a ser un orgullo, para ella era la peor de sus pesadillas.

Su única esperanza era su padre, pero papá solo era un cheque mensual que su madre dilapidaba con rápidez. Para Amy, robar era solo un tecnicismo, pues necesitaba dinero para comprar comida que no estuviera en lata, el unico alimento que presenciaba las alacenas de su casa, cuando las botellas de vodka barato le dejaban espacio.

lunes, 25 de julio de 2011

Vendetta.

Al verse por fin luego de dieciséis años, Anna conoció a su padre, un hombre alto ya calvo con alma de marinero y corazón de acero, en vez de caer en llanto, renegar, golpear o abrazar; Anna se acercó a él y le acarició el rostro como hacía casi diecisiete años cuando su madre se le entregó en alma. Él sentía el calor de la familia, abrigando por vez primera aquellos frívolos espíritus sin notar que mientras tanto Anna lanzaba una maldición, tan terrible que la muerte era la escapatoria más sencilla.

domingo, 24 de julio de 2011

Los deseos de Niamh

Cada tanto, Niamh, salía de Tir na nÓg para conceder un deseo a algún afortunado habitante de las costas de Irlanda quien, por su comportamiento al encontrarse con una hermosa joven desnuda de larga cabellera dorada, le ofreciese una impecable hospitalidad sin aprovecharse de la condición de la joven.

En una de esas especiales ocasiones, Niamh se topó con un guerrero de larga cabellera dorada al igual que ella, algo que llamó particularmente su atención, pues en lugar de ser dorada y ondulada, la de aquel guerrero era muy rojiza y lisa.

Iluminada con la luz de la luna se encontraba tendida, inconsciente a la orilla de un camino que llegaba del mar completamente desnuda, la encontró Oisín al regresar de una batalla en una aldea vecina al paso. Con la espada bañada en sangre al igual que su armadura y parte de su rostro, la contempló tendida en el suelo, quiso tocarla pero al verse las manos ensangrentadas, prefirió no hacerlo, la cubrió con su capa y después de lavarse las manos en el mar regresó para auxiliar a la joven.

El frío de la noche acentuado por el viento de la costa afectaría seriamente la salud de la joven si la dejaba en ese lugar, sin contar que algún salvaje podría aprovecharse de la situación y por eso, decidió tomarla entre sus brazos aún envuelta entre la capa y la llevó a su casa en lo profundo del bosque.

Prendió el fuego y puso a cocinar una bebida que le ayudaría a la joven a recuperar el calor perdido, mientras la tendía en su lecho y la tapó con sus abrigadas cobijas no quería si quiera observarla por discreción a una dama en apuros, al estar lista la bebida la puso junto a la cama, y él envuelto por la capa, se recostó junto al fuego sobre un delgado tapete de lana.

A la mañana siguiente Oisín se despertó constipado, pero la radiante joven que se encontraba vestida por un velo al tocarlo le devolvió la salud en agradecimiento, él, desconcertado tomo a la joven de la mano gentilmente y en vez hostigarla con preguntas, se limitó a besarle los suaves dedos y a hacerle una reverencia en su honor para luego verla partir.

Ella regresaría meses más tarde para darle al impecablemente educado joven el deseo que se había olvidado en concederle tras su última visita, y tal vez fue al darse cuenta de su descuido o al nunca dejar de sorprenderse por cada acción que este cada vez más inusual humano que en lugar de concederle ese preciado deseo, decidió pedir su mano en matrimonio.

jueves, 21 de julio de 2011

Posesiones.

Una voz le decía: No son como rosas los sueños que tú sigues. Mas Amanda ilusionada continuaba soñando; mientras bailaba camino al pueblo inventaba formas de gastar su tesoro, maneras de regocijarse con tan suculento botín.

Golosinas, Chocolates, un caballo de madera, zapatos negros, capuchas de colores.

Amanda corría eufórica por la tienda de golosinas ignorando esa voz que en su mente le dictaba que hacer, a la par que llenaba su boca con golosinas de muchos sabores, de repente  su abuela entró a la tienda, al verle descalza y atragantada con dulces le preguntó con voz severa cómo había conseguido dinero. Alegre Amanda le contó que mientras corría por el bosque se encontró en el suelo una bolsa llena de monedas de oro.

-¡Cómo! –Acentuó con ira la abuela-
-Sí, no tenían dueño y me las quedé…
-¡Eres una bestia! –Gritó interrumpiendo la abuela- no ves que el dinero encontrado es dinero del diablo, al gastártelo lo llamas y al comértelo lo invitas a poseerte-
-Pero abue, yo no quería… –dijo entre llantos la pequeña-
-Claro qué no niña insolente, has traído la maldición a éste hogar, por tu culpa el diablo vivirá entre nosotros, eres torpe, eres idiota, eres la carga más grande en los tiempos más débiles.
-Abuelita…
-¡Calla niña maldita!

Un golpe seco en el rostro de la pequeña Amanda hizo que ésta se callera golpeándose contra el vidrio de la vitrina y así cortarse el cuello, permitiendo que la niña se desangrase hasta la muerte. Cumpliendo de ésta forma la profecía de un diablo que consumiría su alma, la de un avaro demonio  quien  de ahora en adelante  habitaría en su hogar.

jueves, 7 de julio de 2011

Una de cada Diez.

Todo el paisaje era borroso y ligero. Un trance  profundo empezaba a dominar la voluntad de Greca, sin embargo; aquella extraña paz era violentada por un pequeño graznido de dolor acompañado de un fuerte aleteo, y de otro, y otro…

Greca intentó reaccionar pero ya era muy tarde, Gregorio se adelantaba sonriente en un ritual ancestral, cada nuevo silencio moría tras un crujir producido en sus manos fuertes; un crujir acompañado de un aleteo, y de  otro, y otro.

Se acercaba, en pocos segundos Gregorio y Greca se verían de frente, uno a uno como dos rivales ancestrales; cuando al fin llegó el momento final, aquel insípido destino revolvía el estómago de greca, ella empezó a gritar y llorar, suplicaba por su vida, anhelaba perdón, compasión.

¡CRACK!

Gregorio sacrificó a greca para su almuerzo de fin de año sin saber que una de cada diez gallinas entienden lo que es la muerte.

sábado, 25 de junio de 2011

Capítulo tres: infructuoso trámite

Es él…

Se encontraba mirando a aquel hombre de ojos verdes, completamente enajenada, sin embargo fue solo hasta que el viento sopló que el noto su presencia. Tenía como separador de páginas una hoja gruesa de diversas tonalidades de verde, cosa que desvió momentáneamente la atención de Anna Elise de la cara de aquella persona al curioso objeto.

No es tan difícil encontrarte Eli – Levantó la cabeza para mirarla a los ojos, su presencia le resultó perturbadoramente familiar –Debes cuidar más eso, dentro de poco vendrán a buscarte personas no muy agradables.

Disculpa, ¿cómo sabes mi nombre? –Tal vez él no era una persona muy agradable, alguien con la capacidad de entrar en los sueños no debía serlo, pensó- ¿Quién eres?

Sí recordaba lo desconfiada que era, pero supuse que después de lo del fin de semana no lo serías más –Y con una mirada de nostalgia recorrió el rostro de Anna Elise- Soy Jasper van Aldenberg –Le estiró la mano para saludarla formalmente-Supongo que una presentación tal y como es debido no está de más en este caso.

Me resultas familiar…

¿Qué le sucede a tu memoria?, todo un sueño de regresión durante dos días seguidos y sigues desconfiando de mí, ese es el objetivo de ese trámite Eli.

Anna Elisa ahora estaba más que convencida que aquel hombre fue quien invadió su conciencia durante el fin de semana, pero no se sentía cómoda comunicándoselo, no sabía quién era, ni que intenciones tenía, no lo sabía certeramente pero algo dentro de ella la invitaba a acercarse al extraño, esto último la confundió aún más, ¿Será algún truco de esta persona para que haga lo que me pida?, no se sentía como eso.

Jasper van Aldenberg, lo lamento pero debo entrar al trabajo, debo irme.

¿Tu pie ya sanó?

Su corazón volvía a desbocarse, Anna Elise tenía unas manchas de nacimiento en el pie izquierdo, manchas que desde hace una semana se habían estado moviendo, por lo que ella había pedido que le revisaran tan inusual sensación por miedo a cáncer, pero los resultados aún no llegaban. ¿Sería aquel sujeto amigo de sus médicos, tal vez colega?

Sí, esta mañana no tuve más dolor, ¿es usted médico, por eso ha venido, para decirme que tengo cáncer?

No tienes cáncer Eli, pero te aseguro que es algo aún más trascendental, ya veo que aún no estás preparada, volveré en otro momento.

domingo, 19 de junio de 2011

Un mal día.

Salomón guardó silencio. Por un momento sintió el peso del tiempo doblegar sus piernas, en tres segundos su tez se transfiguró haciéndole envejecer  treinta años, así;  como un alma  marchitada por la edad, aquel jovial rostro quedó enterrado en marejadas de arrugas y enigmas. Guardó silencio remembrando cada pequeña faceta, todas aquellas variables que minúsculas desbocaban en un aciago día, un día de mortuoria tristeza.

Un pequeño grito impulsado por el cólera y sentimientos de rebeldía desembocó aquel suspiro previo a un infarto; un simple grito abonó la muerte de su abuela. El impulso de correr negándose a enfrentar tan inhóspito suceso generó aquel amargo accidente: tres niños en estado de coma por una moto que perdió su rumbo al evitar golpearlo.

Como si las maldiciones encontraran refugio en su aliento temía hablar y destruir el mundo; corrió rápido,  corrió rumbo al Norte. Cada paso le revelaba un paisaje cambiante, la alegría era derrocada por caos y confusión, aquellas bellas melodías ofrecidas por los niños se tornaban densas, lúgubres…   
Una vez en el risco del Norte contempló el abismo con seductores ojos,  escuchaba voces maldecir en su cabeza, oía llantos, risas susurros. Una voz que le invitaba a saltar para así abandonar esa locura, otra voz que le suplicaba cordura y redención.

Salomón guardó silencio mientras dejaba que el peso del tiempo doblegara sus piernas.

lunes, 13 de junio de 2011

Capitulo Dos: El primer encuentro

Sus manos poco a poco se salían de control, brillaban en una especie de fulgor azul que penetraba los rincones de aquel lugar de amplios techos, el fulgor se apoderaba de sus dedos, de sus manos y subía por sus brazos hasta tomar posesión de sus hombros y al conectarse en su pecho se extendió completamente en su cuerpo.

Anna Elisa se había convertido en una luz antropomorfa de consistencia líquida y tonalidad azul, sus cabellos ondeaban entre la habitación como al estar bajo el agua. La mujer de piel morena se puso en pie frente a Anna y sobre ella extendió sus brazos líquidos para bajar a la joven y devolverle su consistencia natural, acto seguido, su cuerpo suspendió actividad.

Él había llegado a ese lugar tal y como Anna Elisa lo había hecho, sin idea certera del cómo y el por qué, pero con una plena certeza de encontrarse mejor allí que en ningún otro lugar antes. Presenció aquella majestuosa transformación en elemento que realizó ese joven cuerpo, pero ella solo pudo divisar a un muchacho alto de ojos verdes que le centelleaban a través de aquel velo que rodeaba su humanidad.

Cuando Anna abrió los ojos, un hombre de grandes proporciones se encontraba absorto en la lectura de un grueso libro sentado a los pies de su cama, al notar el cambio en el ritmo de respiración Mark miró el rostro de la joven, la saludo con una cordial sonrisa y se retiró de la habitación. Al regresar con dos tazas de té, no se volvió a marchar hasta la salida del sol del día siguiente.

domingo, 12 de junio de 2011

Meditación

La batalla en el ducado debía esperar mientras tanto los hombres empezaron a reorganizar y montar escuadras completas de vigilancia. En el centro de aquel mercado de esperanzas se encontraba Lady Séni reposando, su herida aún sangraba haciéndole recordar la traición,  el dolor, la deshonra;  Malith murió arrastrándose con ella la confianza de su señora en todos los seres queridos, Malith feneció arrastrando un gran pedazo de esperanza.

Al cabo del segundo día los sargentos y su señora empezaban a reorganizar la estrategia, algunos batidores regresaban del Norte con noticias nuevas sobre los jinetes de las tierras barbáricas; éstos se estaban agrupando en el Valle Gris enviando eventualmente escuadras hacia el Ducado Frío, saqueando, asesinando, destruyendo todo aquello que se movía. Las pocas personas que aún permanecían era campesinos y pastores tratados todos como esclavos; el Ducado había sido tomado pero no habitaban entre las murallas del castillo. A los jinetes se les habían sumado unos clanes de combatientes del Norte, Los Hombres sin luz, conocidos por su gran fuerza, de piel blanca, cabellos castaños y un amor por el clamor de la batalla que les hacían temidos.

-Los jinetes nos esperarán en el valle, apenas bajemos los Hombres sin Luz nos rodearán a través de las colinas del Este para encerrarnos, será una masacre si actuamos así –añadió Lady Séni-
-Bien, aún podemos jugarnos algo –acentuó gravemente Ser Allaham- Las colinas se extienden de forma abrupta hacia mi hogar en el Norte, por tanto no debemos preocuparnos, el valle se extiende al Sur hasta un bosque y luego se curva hacia el mar así que  la pelea será en avanzada del valle hacia el Sur-Oeste, Ahora bien, debemos esperarlos en un único lugar, existe un pequeño camino que comunica la entrada del valle con éste paso, no posee más de cien metros, si queremos mantenernos con vida debemos batallar allá, eso hará que sus jinetes no puedan atacarnos por los flancos mas…
-Mas significa un ataque directo -interpuso Lady Séni- bien,  ya no contamos con tiempo, probablemente aquellos Hombres sin Luz ya se encuentran entre el bosque de la colina cercana esperando devastar con sus técnicas de guerrilla; las lanzas que usan pueden volcarse en nuestra contra, si ellos nos esperan en el borde de la colina estaremos apresados entre el camino, los jinetes y una lluvia de madera con hierro.  Tenemos que librar dos batallas, unos cinco mil jinetes y tal vez mil guerrilleros del Norte. Tenemos trescientos jinetes y alrededor de ochocientos hombres.

Lady Séni decidió que avanzaría hasta estar a un kilometro de distancia del camino hacia el valle, allí apenas sus hombre se posicionaran empezaría a talar los árboles alrededor para cerrar la entrada al valle, el terreno subía y bajaba de forma un poco abrupta haciendo irregular aquella meseta, aunque; una vez despejada de árboles sería un buen sitio para cabalgar. El camino a diferencia de la entrada al valle no podía ser más ancho que cinco caballos uno tras otro, de librar una batalla y salir victoriosos, ese sería el lugar.

martes, 7 de junio de 2011

Sangre revelada.

La noche fue fría y oscura, sin embargo emprendieron camino; una larga hilera de jinetes avanzaban embriagados por una melancólica presión, cada paso en avanzada era un tranco más cercano a un posible fina fatídico. la lúgubre jornada se fue perdiendo, luego de cuatro horas acamparon contra los riscos de aquel camino en piedra, cobijados por las sombras, resguardados con coraje.

Lady Séni avanzaba en la cabecera junto a sus cuatro sargentos y guardia personal, el ducado de Viento Frío les esperaba a unas ocho horas más de viaje, por lo pronto lo más conveniente era descansar. . La mañana se levantó grisácea, melancólica; en silencio los hombres avanzaban elevando loas a los dioses, una voluntad fuerte era necesaria. Algunos capitanes reflejaban cansancio y miedo, aquel estandarte de la luna había empozado desesperanza en aquellos bravos corazones. Tras cuatro horas más de viaje decidieron parar para reposar, el último aliento ante la tempestad, así muchos lo sentían.

Entre las carpas se levantaba una tienda majestuosa, con sedas violetas y una luna plateada acompañada de dos estrellas doradas, en ella Lady Séni descansaba, en la puerta dos hombres de su guardia personal custodiaban con normalidad, después de una hora, una joven se acercó con algo de fruta, pan y carnes secas en una canasta, su mirada gritaba ternura mientras aquellas manos gentilmente tocaban los torsos cansados de dicha guardia, luego de un pequeño cruce de palabras la dejaron entrar.

-Lady Séni, mi señora, disculpa mi intromisión.
-No te preocupes Malith, te agradezco enormemente todas vuestras atenciones, sigue, siéntate.

Malith conocía el terrible secreto de su señora, aquel antebrazo lastimado se deformaba y moría cada vez más rápido, sin decir nada a nadie le traía algunas hojas secas reservadas sólo para los accidentes más severos. Mientras limpiaba sus heridas, aquellas gentiles manos le acariciaban con ternura, como si vislumbraran juntas un futuro pleno y feliz. El calor de las hojas maceradas en oleos sumado al tenue olor a jazmín introducían a Lady Séni en un suave trance. Las manos de Malith –jóvenes y delicadas-, encontraban reposo en el delgado cuello de su señora, gentilmente con las gemas empezó a bajar hasta encontrar un pecho tibio y latente. Se acercó más, cada vez más cerca, la respiración de ambas se mezclaba con el olor de los oleos hasta fundir sus labios en una melodía carnal y perenne.

Seducida por la calma Lady Séni no vio venir el puñal que atravesaba su vientre, el dolor la abstrajo de tan cálida sensación, al abrir sus ojos el panorama cambio; su bella asistente ahora vestía unos ojos llenos de frenesí, con una sonrisa desprovista de cordura saboreaba la muerte de la Capitana. El grito de dolor no se hizo esperar, Lady Séni golpeó la tráquea de la muchacha y con un codo la empujó hacia un lado, se incorporó y arrancó el puñal de su vientre mientras la cálida sangre manchaba con carmesí terror sus prendas. Avanzó hacia Malith, entendiendo que no era ya aquella joven de gran aprecio, se acercó y de una patada golpeó su rodilla desplazando la rótula, Malith cayó gritando a la par que los guardias entraban, en el mismo momento en que Séni atravesaba su cuello y giraba aquel cuchillo.

Una vez en el suelo y sin cabeza un collar de negra plata sobresalía de los atuendos, al tomarlo notó como un dije en forma de luna sangraba con el estirpe propio de su gente amada, una luna menguante que auguraba perdición y blasfemias, una luna menguante que había traído a su casa la guerra y el dolor. Lady Séni se sentó mientras recibía atención, la herida era suturada, mas su alma se hallaba destrozada, la batalla en el Ducado de Viento Frio debía ser aplazada, llenando de fuerzas a sus enemigos, sumergiendo a sus aliados en una deprimente espera.

domingo, 5 de junio de 2011

Venganza.

Frida siempre tuvo unos ojos pequeños y un gato gris. Cada noche antes de acostarse lavaba sus manos en leche, encendía incienso en su ventana, arrojaba  al aire semillas de mostaza; cada acto como un ritual sacro, cada suceso colmado de inocente poder.  Una vez dormida, era  el mordaz felino quien vigilaba su sueño enredándose en la larga bata carmesí.

Con el tiempo los días se tornaban cada vez más largos; extenuantes jornadas impregnadas por el estrés debilitaban  la energía implacable de la buena Frida, la comida era instantánea, los rituales cada vez más cortos. En una noche de Junio, cuando la luna jugaba a esconderse, ella olvidó sus liturgias.  Mientras dormía soñó con árboles que majestuosos se incendiaban y su crepitación rompía el horizonte, vislumbró demonios blasfemando en idiomas extintos arrebatándose unos a otros las entrañas, notó como un par de ellos se empezaron a acercar.

Frida asustada comenzó a correr, el calor del suelo aplacaba el dolor de las rocas cortando su piel, cada paso era una agónica carrera por sobrevivir pero una carrera muy larga,  cuando las fuerzas se esfumaron y la muerte descendía sobre ella fue aquel fiel felino de corazón gigante quien de un salto cortó las gargantas de aquellos demonios para finalmente regresar sobre sus pasos y calmar a su dueña.

Frida despertó de un sobre salto, bañada en sudor y con los pies sangrantes, junto a ellos y sin dejar de mirarle Don Gastón sostenía una vara de incienso encendida, sin dejar de mirarle la arrojó contra sus pies, sin dejar de mirarle se enredó en su bata carmesí.

miércoles, 1 de junio de 2011

Capítulo uno: el despertar.

Cuando Anna Elisa abrió los ojos en la mañana de lunes, no podía creer que siguiera tarareando la misma canción con la que se acostó a dormir el viernes en la noche. Al repasar ese fin de semana, no encontraba un solo recuerdo confiable, todo lo que llegaban a su mente eran imágenes fulminantes de un amorío con un hombre muy alto de ojos verdes. ¿Pero cómo, si Raphael no es mucho más alto que yo y sus ojos son indudablemente azules?

Mientras preparaba su café matutino se dispuso a llamar a Raphael a su teléfono móvil.

-Anna, que placer escucharte tan temprano, pensaba en llamarte más tarde, escucha, estoy seguro de que olvide mis anteojos de sol en tu apartamento.

-¿Cuándo los olvidaste?

-El sábado en la noche sin duda, me los quité cuando terminamos de ver esa película francesa que tanto te gustó, y como el domingo desayunamos con Syd no recordé guardarlos.

-…ah sí, tu viniste el sábado… y desayunamos con Syd el domingo – murmuró para sí.

Todo lo que Anna Elisa recordaba con certeza eran cientos y cientos de desayunos con aquel hombre alto de ojos verdes, desayunos a solas, con otros, con niños, en la cama, en restaurantes, en jardines; pero no el desayuno del domingo junto a Syd y Raphael.

-No te escucho bien Anna, ¿será que puedo pasar esta tarde a buscarlos?

De camino a la librería de la calle mayor, Anna Elisa trato de hacer memoria sobre su fin de semana, pero más imágenes con el mismo hombre llegaron a su cabeza, como si el sueño profundo hubiera absorbido su conciencia de un fin de semana completamente.

Su pulso se había comenzado a acelerar, no era una mujer de muchas virtudes, no era mi muy linda ni muy fea, ni muy alta ni muy baja, ni muy gorda ni muy flaca, ni muy rubia ni muy morena, ni muy encantadora ni muy insípida, ni muy divertida ni muy aburrida. Es él.

Brevemente, el aire se tornó un poco más caliente de lo acostumbrado para la mañana de un verano que recién comienza. Es él.

Es él, no había sido ningún sueño, el hombre muy alto de ojos verdes existía, y tomaba café en la mañana como ella, leyendo un libro de bolsillo como ella, cruzando las piernas debajo de la mesa como ella.

Su corazón quería abandonar el cuerpo por la boca, estaba segura de que lo sentía latir en la garganta… latir, más bien temblar, sacudirse, que importa, total estaría muerta en unos segundos, lo presentía.

lunes, 30 de mayo de 2011

A través de las colinas.

La sala de guerra se levantaba con pilares incrustados en la ladera  Sur de la colina, la mitad tallada en la roca misma en forma de hexágono elevándose diez metros sobre el suelo hasta encontrar un techo liso el cual  lindaba con media cúpula. La parte externa de la sala de guerra era un paralelepípedo alto terminado en la media cúpula que bordeaba la colina; la entrada a la sala estaba custodiada por seis guerreros tallados en piedra, cada uno representaba las seis regiones del Este y sus fundadores. Dentro de la sala una gran mesa de ébano pulido cubierta de cobre recibía a los generales de cada división, frente de ésta una gran silla en hierro y plata relucía como un pequeño trono para el capitán de la cuaderna.

Lady Séni atravesó el corto pasillo custodiado por los grandes Ser de la antigüedad hasta el portón doble que se abría para recibirle, una vez adentro los sargentos le saludaron con una venia lenta y cordial. Lady Séni los saludo uno a uno y con extrañeza notó la ausencia de Ser Duncan, sargento de el valle Gris al Nort-Este.

-Ser Duncan falleció hace una semana intentando mantener el paso que lleva desde los  valles hasta acá –dijo Ser Allaham, sargento de las colinas del Norte.

-Una triste noticia según veo –replicó Lady Séni-Pues bien hermanos míos, tiempos grises nos agobian mas debemos encontrar solución a todo esto, es probable que se desate una guerra en el corazón del reino, sin embargo; distamos mucho de él, ¿Qué noticias tenemos sobre ésta extraña incursión?

-Los bárbaros empezaron a desplazarse hacia acá hace tres semanas, tras quince días de viaje llegaron al ducado de Ser Duncan y arremetieron con fuerza, por fortuna antes de lograr romper las barreras de la empalizada, ellos consiguieron tomar el camino del sur que atraviesa el bosque espeso, de ésta manera así resguardaron a la mayor parte de la población –dijo Ser Allaham- sin embargo Ser Duncan luchó con sus hombres hasta la muerte misma.

Un pequeño silencio enmudeció la recamara, luego Lady Séni continuó consultando.

-Los bárbaros no acostumbran a atravesar las colinas, sus caballos se hacen torpes y el aire fuerte de los acantilados sumado al calor sureño les molesta, ¿Qué sabes mi querido Ser Allaham sobre esto?

-Todos los bárbaros empezaron a llevar una pequeña insignia en sus estandartes, una luna menguante que sangraba en forma de mano, seré sincero; no conozco rey, artífice, legión alguna que acostumbre a llevar ese símbolo, no muchos lograron vencer el miedo a las colinas y sus desfiladeros pero fueron los suficientes para arremeter con más de ochocientas espadas, estimamos que en el ducado de viento frío, aún cerca de dos mil quinientos hombres acampan esperando tomar valor, oh ¡Pobre Ser Duncan! No logró tener un entierro digno.

-Pero murió con el honor más grande.

-Es verdad mi lady.

Tras un día completo en consejo, sólo dos opciones tenían; dar aviso y resguardar los caminos que llevan de allí a la capital de Argus sin contar que deben  detener la arremetida de aquellos bárbaros. Lady Séni dispuso dos grupos, ella en unión a  otros cuatro sargentos con sus hombre de honor hicieron rápidamente un censo, todo hombre capaz de alzar un arma con brío empañado en honor debería acompañarles a cerrarles el paso por las colinas, pues a campo traviesa los bárbaros tenían la ventaja, ahora bien, era conveniente actuar con premura.

domingo, 29 de mayo de 2011

Un nuevo designio.

Y por un breve momento todo fue paz…

Una vez reorganizados los hombres y atendidos los heridos, despojaron a los enemigos muertos de sus prendas e hicieron dos piras grandes con sus cuerpos, una en la meseta y otra en el valle, llamándola en tiempos posteriores la meseta de la batalla. A sus compañeros les enterraron en una gran fosa común en el valle de los héroes, sobre ésta con armas y atavíos esculpieron en la tierra húmeda el estandarte de Argus y de la Cuaderna del Este.

En la avanzada noche los hombres y mujeres se reunieron en la meseta, tras los portones que cortan el paso de las colinas, allí descansaron. Agobiados por el cansancio pero con el alma colmada de grandeza cenaron en silencio honorando así el alma de sus hermanos caídos, aquellos que desde ahora les vigilarán desde el primer cielo.

La mañana llegó acompañada de un mortuorio silencio. El sol primaveral no se asomó ocultado por una grisácea neblina, por un momento se sentía el nocivo frío invernal regresar amargamente. Lady Séni contempló aquel amanecer sin descanso, su antebrazo izquierdo comenzaba a inflamarse, aún lograba sentir las astillas de madera cortando sus tendones. Tomó unas sedas y con éstas atendió las heridas, nuevamente vistió la cota de mallas para luego atar el escudo. La siguiente hora abrazada por el frío de la muerte fue combatida en su habitación con un silencio convocador de paz; Capitana de la Cuaderna del Este, Teniente de las Fuerzas Argureanas, una y otra vez repetía mentalmente sus títulos mientras invocaba a los dioses el coraje, la sabiduría para continuar las jornadas.

Prudencia, justicia, templanza, fortaleza… 

Lady Séni oró, aceptando con humildad la muerte, dejando en las manos divinas la decisión de su destino. Con amor sintió la calidez de los dioses calmando su dolor, el mismo calor que en visiones dictaminó su destino. Así, cobijada por la voluntad celestial, salió de su habitación directa a la sala de guerra donde sus sargentos planeaban los siguientes movimientos pues los bárbaros del Noreste no acostumbran a cruzar las colinas. El augurio del frío en primavera no puede ser un buen augurio.

domingo, 22 de mayo de 2011

Alquimia.

Algo me hace sentir inmortal pensó en voz alta el gran alquimista Lemoth mientras terminaba de engullir aquel viscoso brebaje; hace pocos meses descubrió la fórmula química con la cual las células se descomponían  con una lentitud considerable. Sin embargo; cuando salió de su laboratorio y regreso a la cama marital, notó con tristeza el polvo en las sábanas acompañando  una nota llena de hongos.

“Me marcho; buen viento y buena mar. Efímeramente tuya, Cloe”

Nuevamente en su casa, ahora en invierno, con la nota aún en la mano empezó a caminar por la sala, arrojó los papeles a la chimenea y se sirvió un poco más del veneno de flores que había preparado.

Algo me hace sentir inmortal, repitió una vez más antes de morir.

viernes, 20 de mayo de 2011

Contrición.

En el medio de la noche, con la lluvia ahogando los sonidos, Emmanuel entendió lo cruda que es su realidad. Arrojó el chuchillo al suelo mientras lentamente teñía el camino con un ligero hilo de sangre marrón, se miró sus manos gruesas –viejas y orgullosas- contemplando las tantas vidas que entre ellas se habían esfumado.

Un rayo cayó a unos cien metros haciendo explotar un árbol, ahora; cientos de fulgurantes torres de energía se elevaban majestuosas y despiadadas por el cielo nocturno. Uno, Dos, ¡TRES! Rayos caían ante él, como si un dios se mofase de su debilidad.

Por vez primera en su vida, Emmanuel, de cara dura e inexpresiva, sintió temor, un temor que helaba su carne y extinguía aquel malévolo espíritu. Emmanuel, en medio de la noche, como un hombre de fe se arrodilló, Emmanuel como un hombre sin dios  pidió perdón.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La última batalla.

¡Muertos, todos muertos!    Lady Séni se levantó mientras poyaba su peso en la espada larga,  el escudo astillado había traspasado entre pequeñas abolladuras en el camisote de mallas perforando así su antebrazo y dejándolo inútil.  Una lenta e infructífera mirada sondeó el entorno, en el suelo se mezclaban los cuerpos de aquellos bárbaros del Este y de sus hermanos Argureanos, juntos todos –muertos todos-.

Con un hálito de coraje se arrancó el escudo y las astillas, buscó otro y volvió a armarse. Avanzó por el campo esquivando cuerpos, armas, charcos de sangre.  Decidió tomar por el pequeño camino que bajada de la meseta a una planicie, cuando  sus pasos le empujaban con fuerza casi extinta logró ver el estandarte de Argus, alto e imperioso, y fue revivida por el grito lleno de júbilo propio de sus compañeros y subordinados.

¡Salve Lady Séni, teniente de Argus, Capitana de la Cuaderna del Este!

Todos al unísono elevaban elogios a su líder, quien valientemente se detuvo en la barricada de la meseta y luchó hasta la muerte, defendiendo su ideología, costumbres, sueños, Reino…   …Murió y regresó, a colmarse del júbilo mortal, a saciar su boca con las mieles del triunfo.

jueves, 12 de mayo de 2011

Canta y no llores.

Las gotas de lluvia se deslizaban bordeando  su sombrero hasta caer pesadas frente a sus ojos, la jornada trajo cansancio, lluvia y caminatas indeseadas. Las calles eran ríos y él un alma que vagaba solitario por el Aqueronte, sin mucho que ver salvo aquellos  recuerdos volátiles de monótonas actividades, cerró los ojos y empezó a llorar.

Las lágrimas perdían su salinidad al mezclarse con las gotas de lluvia justo antes de inmolarse al vacío desde su mentón.

De repente, un canto enérgico lo abstrajo de sus pensamientos, una mujer corría y cantaba bajo la lluvia, el peso del agua desgarraba parcialmente su vestido; con una voz góspel que irradiaba  energía inaudita saltaba entre charcos, ella se acercó sonriente y cuando estuvo lo suficientemente cerca le besó con pasión.

Con una enorme sonrisa le miró mientras acariciaba su rostro, sosteniendo la mirada empezó a cantar  y se alejó bailando.