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domingo, 12 de junio de 2011

Meditación

La batalla en el ducado debía esperar mientras tanto los hombres empezaron a reorganizar y montar escuadras completas de vigilancia. En el centro de aquel mercado de esperanzas se encontraba Lady Séni reposando, su herida aún sangraba haciéndole recordar la traición,  el dolor, la deshonra;  Malith murió arrastrándose con ella la confianza de su señora en todos los seres queridos, Malith feneció arrastrando un gran pedazo de esperanza.

Al cabo del segundo día los sargentos y su señora empezaban a reorganizar la estrategia, algunos batidores regresaban del Norte con noticias nuevas sobre los jinetes de las tierras barbáricas; éstos se estaban agrupando en el Valle Gris enviando eventualmente escuadras hacia el Ducado Frío, saqueando, asesinando, destruyendo todo aquello que se movía. Las pocas personas que aún permanecían era campesinos y pastores tratados todos como esclavos; el Ducado había sido tomado pero no habitaban entre las murallas del castillo. A los jinetes se les habían sumado unos clanes de combatientes del Norte, Los Hombres sin luz, conocidos por su gran fuerza, de piel blanca, cabellos castaños y un amor por el clamor de la batalla que les hacían temidos.

-Los jinetes nos esperarán en el valle, apenas bajemos los Hombres sin Luz nos rodearán a través de las colinas del Este para encerrarnos, será una masacre si actuamos así –añadió Lady Séni-
-Bien, aún podemos jugarnos algo –acentuó gravemente Ser Allaham- Las colinas se extienden de forma abrupta hacia mi hogar en el Norte, por tanto no debemos preocuparnos, el valle se extiende al Sur hasta un bosque y luego se curva hacia el mar así que  la pelea será en avanzada del valle hacia el Sur-Oeste, Ahora bien, debemos esperarlos en un único lugar, existe un pequeño camino que comunica la entrada del valle con éste paso, no posee más de cien metros, si queremos mantenernos con vida debemos batallar allá, eso hará que sus jinetes no puedan atacarnos por los flancos mas…
-Mas significa un ataque directo -interpuso Lady Séni- bien,  ya no contamos con tiempo, probablemente aquellos Hombres sin Luz ya se encuentran entre el bosque de la colina cercana esperando devastar con sus técnicas de guerrilla; las lanzas que usan pueden volcarse en nuestra contra, si ellos nos esperan en el borde de la colina estaremos apresados entre el camino, los jinetes y una lluvia de madera con hierro.  Tenemos que librar dos batallas, unos cinco mil jinetes y tal vez mil guerrilleros del Norte. Tenemos trescientos jinetes y alrededor de ochocientos hombres.

Lady Séni decidió que avanzaría hasta estar a un kilometro de distancia del camino hacia el valle, allí apenas sus hombre se posicionaran empezaría a talar los árboles alrededor para cerrar la entrada al valle, el terreno subía y bajaba de forma un poco abrupta haciendo irregular aquella meseta, aunque; una vez despejada de árboles sería un buen sitio para cabalgar. El camino a diferencia de la entrada al valle no podía ser más ancho que cinco caballos uno tras otro, de librar una batalla y salir victoriosos, ese sería el lugar.

martes, 7 de junio de 2011

Sangre revelada.

La noche fue fría y oscura, sin embargo emprendieron camino; una larga hilera de jinetes avanzaban embriagados por una melancólica presión, cada paso en avanzada era un tranco más cercano a un posible fina fatídico. la lúgubre jornada se fue perdiendo, luego de cuatro horas acamparon contra los riscos de aquel camino en piedra, cobijados por las sombras, resguardados con coraje.

Lady Séni avanzaba en la cabecera junto a sus cuatro sargentos y guardia personal, el ducado de Viento Frío les esperaba a unas ocho horas más de viaje, por lo pronto lo más conveniente era descansar. . La mañana se levantó grisácea, melancólica; en silencio los hombres avanzaban elevando loas a los dioses, una voluntad fuerte era necesaria. Algunos capitanes reflejaban cansancio y miedo, aquel estandarte de la luna había empozado desesperanza en aquellos bravos corazones. Tras cuatro horas más de viaje decidieron parar para reposar, el último aliento ante la tempestad, así muchos lo sentían.

Entre las carpas se levantaba una tienda majestuosa, con sedas violetas y una luna plateada acompañada de dos estrellas doradas, en ella Lady Séni descansaba, en la puerta dos hombres de su guardia personal custodiaban con normalidad, después de una hora, una joven se acercó con algo de fruta, pan y carnes secas en una canasta, su mirada gritaba ternura mientras aquellas manos gentilmente tocaban los torsos cansados de dicha guardia, luego de un pequeño cruce de palabras la dejaron entrar.

-Lady Séni, mi señora, disculpa mi intromisión.
-No te preocupes Malith, te agradezco enormemente todas vuestras atenciones, sigue, siéntate.

Malith conocía el terrible secreto de su señora, aquel antebrazo lastimado se deformaba y moría cada vez más rápido, sin decir nada a nadie le traía algunas hojas secas reservadas sólo para los accidentes más severos. Mientras limpiaba sus heridas, aquellas gentiles manos le acariciaban con ternura, como si vislumbraran juntas un futuro pleno y feliz. El calor de las hojas maceradas en oleos sumado al tenue olor a jazmín introducían a Lady Séni en un suave trance. Las manos de Malith –jóvenes y delicadas-, encontraban reposo en el delgado cuello de su señora, gentilmente con las gemas empezó a bajar hasta encontrar un pecho tibio y latente. Se acercó más, cada vez más cerca, la respiración de ambas se mezclaba con el olor de los oleos hasta fundir sus labios en una melodía carnal y perenne.

Seducida por la calma Lady Séni no vio venir el puñal que atravesaba su vientre, el dolor la abstrajo de tan cálida sensación, al abrir sus ojos el panorama cambio; su bella asistente ahora vestía unos ojos llenos de frenesí, con una sonrisa desprovista de cordura saboreaba la muerte de la Capitana. El grito de dolor no se hizo esperar, Lady Séni golpeó la tráquea de la muchacha y con un codo la empujó hacia un lado, se incorporó y arrancó el puñal de su vientre mientras la cálida sangre manchaba con carmesí terror sus prendas. Avanzó hacia Malith, entendiendo que no era ya aquella joven de gran aprecio, se acercó y de una patada golpeó su rodilla desplazando la rótula, Malith cayó gritando a la par que los guardias entraban, en el mismo momento en que Séni atravesaba su cuello y giraba aquel cuchillo.

Una vez en el suelo y sin cabeza un collar de negra plata sobresalía de los atuendos, al tomarlo notó como un dije en forma de luna sangraba con el estirpe propio de su gente amada, una luna menguante que auguraba perdición y blasfemias, una luna menguante que había traído a su casa la guerra y el dolor. Lady Séni se sentó mientras recibía atención, la herida era suturada, mas su alma se hallaba destrozada, la batalla en el Ducado de Viento Frio debía ser aplazada, llenando de fuerzas a sus enemigos, sumergiendo a sus aliados en una deprimente espera.

martes, 31 de mayo de 2011

El paso de las Colinas del Nort-Este




El paso de las Colinas del Nort-Este, bordeando el Lago Azul, en la frontera con los valles salvajes.

miércoles, 30 de marzo de 2011

A veces, en Mayo.

A veces en Mayo, Martha sale con la esperanza de encontrarse con algún demonio cruzando la esquina, uno con el cual poder hacer gala de sus impresionantes hechizos, uno con el cual pueda demostrarle a todos lo asombrosos que son sus poderes y todo el bien que le hace a la sociedad al librarla de estos sujetos para que así la alaben, cual todo poderosa hechicera que es.

A veces en Mayo, Martha sale con la esperanza de encontrar el mar a diez metros de la puerta de atrás de su casa, poder sentir el calor de la arena entre los dedos de sus pies y la brisa envolvente entre su pelo, disfrutar del suave sonido de las olas, y encontrar la forma de usar la escafandra de su abuelo para deleitarse con el más diverso colorido en el carnaval de peces al cual es invitada.

A veces en Mayo, a la pequeña Martha le piden fervorosamente que deje de arruinar el papel celofán de su madre y salga de casa a buscar oficio. La pequeña Martha ya no es tan pequeña, y entre desvaríos solitarios, trata de encontrar la esperanza dentro de sí, de algún día ser capaz de enfrentar el día a día.