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martes, 4 de enero de 2011

Debe ser el destino

Corriendo, a toda velocidad. Así pasaba los días de su infancia Tobías, un niño ambicioso, apasionado y muy eufórico. Quien a pesar de ser hijo de campesinos analfabetas, ya para su edad era un estudiante modelo en su escuela. Corría a todos lados, al pueblo, a la escuela, a su casa, pero un día alguien paró de golpe su carrera, era un rostro, un rostro más hermoso de lo que con su escaso léxico pudiera llegar a describirse atravesó de intempestivamente en su camino, se tropezó, pero el dolor no logró amilanar esa sensación de calor en su rostro, el retorcer de su estomago y el temblor de sus piernas. –¿te lastimaste pequeño?- pregunto preocupada la pequeña dama. Nervioso Tobías negó con la cabeza, pero eso no convenció a la pequeña dama que se agacho para chequear las raspaduras de las piernas y brazos de Tobías. Quien más rojo que el mismo diablo se paró de golpe y siguió su camino, aun cojo, pero a partir de ese momento enamorado.

En casa los padres de Tobías le contaron que tenían nuevos vecinos y al momento de describir a una de sus miembros Tobías de nuevo se sonrojo, pero esta vez dejando emerger una tímida sonrisa.

Desde ese día de aquel encuentro y por varios más Tobías disminuyo su velocidad en el mismo lugar en donde encontró esa mirada que para él no tenía comparación y cuando perdía la esperanza de volver a cruzarse con ella más adelante en un claro del camino la vio, con unos canastos y con mucho sudor en su rostro, el temblor de sus piernas y el calor de su rostro regreso súbitamente e inversamente proporcional a las ganas de saludarle, pero reunió el valor que pocos logramos reunir en tales situaciones y se quedó allí esperando que pasara por su lado, pero la historia fue otra, la pequeña dama esta vez fue quien tropezó con su cargamento casi como justicia divina por la caída que involuntariamente provocó a Tobías. El niño acomedidamente comenzó a ayudarle a recoger todo su cargamento y con una sonrisa y diciendo gracias se alejo lentamente de Tobías. Ahora el pequeño se quedo allí solo con sus pensamientos y tratando de encontrar explicación a lo sucedido y con su inocencia solo suspiro y dijo: “debe ser el destino”. Tal vez si, tal vez no, pero Tobías empezó a descuidar un poco sus estudios porque ahora todo el poder de su mente se encontraba ocupado pensando en esa pequeña dama de piel frágil y de mirada angelical envuelta en un vestido blanco. No le importaba que pasara a su alrededor, el solo quería hacer su propia historia de amor al lado de ese rostro.

Pasaron los días, pasaron los meses y también los años. Tobías ya no era un niño y durante todo este tiempo creció pasando de largo entre saludos y halagos a esa pequeña dama que tanto cautivo su vida desde ese tropezón y aun decía entre suspiros: “debe de ser el destino”.

En el último día de la primavera, Tobías había logrado cortar las últimas flores de la estación y lleno de ansias espero a que se diera el cotidiano encuentro con la pequeña dama. Tobías espero paciente, lo hizo con una sonrisa que con el paso de las horas se fue desvaneciendo, hasta que como todo en el universo se extinguió. En el camino a casa y durante toda la noche se sumergió en sus propias divagaciones, pensaba ¿Por qué? Y a la mañana siguiente, lleno de la determinación que tal vez pocas veces logro conseguir se fue a buscarla y allí en el lugar donde se suponía debía encontrarse una casa, solo cenizas encontró, pues esa noche una vela extinguió la vida de ese lugar y así Tobías nunca pudo entregarle a la pequeña dama las ultimas flores de la estación y tampoco pudo volver a decir entre suspiros: “debe ser el destino”.

Así es como a veces la falta de determinación y la falta de coraje puede costarnos el llegar a amar o como también puede accidentalmente impedir sentir un dolor aún más fuerte.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Marchitos.

En la pequeña ciudad de Trashen. Se encontró un desolador panorama, era un enorme jardín de rosas que yacían marchitas. Trashen es una ciudad pequeña, pero que era frecuentada por muchos viajeros que curiosos llegaban a ver las rosas de Martel, quien  desde niño se había enamorado  tanto de sus rosas que muy pocas veces se separaba de su  casa y su jardín, escasamente se le vio en el centro de la ciudad. El tiempo pasó y Martel ya había crecido, esto no paso desapercibido para las mujeres de la ciudad, pero Martel hasta ese momento sólo tenía ojos para su jardín.

Hasta que un día por casualidad encontró a una mujer cuya belleza no pudo comparar si quiera con la de sus rosas. Martel empezó a venir más seguido a la ciudad sólo para admirar la belleza incomparable de esa mujer, descuidando de a poco su jardín, un día Martel bajo a la ciudad y se llevo una terrible sorpresa, aquella mujer que no podía comparar ni con sus hermosas rosas ya no estaba, se había ido, pero no sola, alguien más se la llevo.

Martel volvió a casa esperando encontrar tal vez consuelo en su jardín, pero era demasiado tarde para acordarse de éste, pues todas y cada una de sus rosas se habían marchitado, no quedó una sola, al parecer marcharon celosas, se fueron sin decir adiós. Sin consuelo, sin alivio, ese fue el último día de Martel en la ciudad, entre la gente y tal vez entre los vivos,  ya que después de todos estos incidentes Martel ya nunca más fue visto. Hoy en su cama, cual escombro final de su existencia, sobre su cama sus ropas y pétalos marchitos de rosas. 

lunes, 13 de diciembre de 2010

Una Sonrisa


En ese desolado terruño donde los sueños de los niños se desmoronaban más fácil que los sueños de los adultos. Vivía un joven de apariencia gañanezca, era Angris Mená. Angris no era muy cortes para hablar de esto como una de sus más grandes virtudes, mas bien era algo que se le dificultaba. Razón por la cual sus vecinos no duraban mucho en el mismo lugar. Un día de otoño cualquiera, pensaría cualquiera, fue el día que para Angris más significó, pues en su pecho brotó una cálida sensación muy desconocida para él, se debió a aquel pálido, pero coqueto rostro, de esa joven que vivía a su lado, que cada vez que le saludaba a pesar de su gesto gruñón, ésta siempre le daba su mejor sonrisa.

Angris es una persona de lógica y razón, por lo que le intrigaba tanto ésta nueva sensación. Pasaron los días hasta que Angris reunió un poco de valor y cortesía, le saludo, ante éste inesperado saludo la pequeña dama se acerco, pues la curiosidad a veces puede más que el afán. Angris simulando la cortesía y amabilidad que nunca en su vida implemento con el prójimo le preguntó: “¿Se puede saber a qué debo la inexplicable sensación que me produce esa sonrisa suya que en ningún momento me he ganado?”. Ante tal pregunta ésta joven lejos de sentirse ofendida soltó una estrepitosa carcajada que desconcertó aun más a Angris que en su vida tal vez reír no era algo que se encontrara en su diccionario. –Señorita le exijo detenga ese sonido tan estridente yo solo quiero saber la respuesta a mi pregunta. La joven lo miro de nuevo con esa mirada que hacia brotar del corazón de Angris tal sensación tan lejana a cualquier razón o lógica a la que él era tan fiel. -Señor, desde niña se me ha dado el don de sonreír no importándome quien sea o por lo que sea, aun más cuando veo que en sus caras les falta la alegría de vivir que a mí me sobra-.

Dicho esto la pequeña dama sonrió alegremente de nuevo, cuando vio que el rostro de Angris mostró algo más que amargura, se retiro deseándole un buen día. Angris sintió que esa cálida sensación que sólo sentía en su pecho ahora pasaba por todo su cuerpo como si se tratara de la corriente enfurecida del río de aquel terruño. Angris se dirigió inmediatamente al espejo pues ésta sensación la tenía que comprobar con sus ojos y no creyó lo que vio, esa amargura que parecía tan suya esfumada y en su lugar una sonrisa, algo tan inaudito para él en su rostro, Angris solo pensaba en ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? –Todo esto lo causo esa mujer, pues bien, ella debe darme una explicación. Dijo Angris con voz angustiada.

De nuevo a la mañana siguiente la pequeña dama sacudió sus cimientos con esa sonrisa. Angris sentía como esa determinación que le había costado tanto reunir para sólo saludar se diluyó. La pequeña dama se detuvo de golpe y le miro fijamente a la cara y le pregunto: ¿hoy no parece usted el de siempre, veo que hay una sonrisa en su rostro, me alegra mucho poder saber que tras esa cara gruñona se encuentra un apuesto caballero? La pequeña dama se disponía a seguir su camino y Angris exclamó: ¿ésta cosa en mi cara la puso usted, quiero saber si puede hacer que sea como antes? La pequeña no lo volteo a ver, pero le contesto: si supiera que esa “cosa” como usted ha llamado a esa sonrisa le está haciendo daño, créame que le diría cómo, pero ya que no es así, que tenga un buen día señor.

De nuevo Angris se dirigió corriendo al baño, porque esa sensación que no lograba explicar era más que una corriente embravecida y que Angris ya no soportaba más. Ésta vez no espero al amanecer para ver a esa pequeña dama, esta vez espero en la entrada de su casa a pequeña dama. Cuando por fin la vio ella fue la que le saludo y se dirigió hacia él, cosa que para Angris se tradujo en un esporádico rostro enrojecido. –¿a que le teme?- indago con tierna curiosidad la pequeña dama. Angris sintió que no podía mirarle por mucho tiempo a los ojos, esa pequeña dama se le acerco y le dijo con picara gracia: ¿por qué simplemente no me invita a pasar a tomar una taza de té y me hace todas las preguntas que me ha querido hacer todo este tiempo? Angris sólo asintió con la cabeza y la pequeña dama le tomo de la mano para llevarlo adentro de su casa.

Una vez dentro Angris le pregunto: ¿Por qué cada vez que usted me sonríe ese manera y me trata de esa manera tan cortes, siento como toda lógica y razón no son suficientes para encontrar una explicación a esta sensación que me cambio totalmente? La pequeña dama tomo la taza con ambas manos y le dijo con esa sonrisa que le caracterizaba: ¿tan mal le hago sentir señor? Angris rápidamente lo negó con su cabeza y sorbió todo el contenido de la taza de golpe ignorando por completo que estaba hirviendo –entonces señor, ¿por qué siento como si le incomodara tanto?-no es incomodidad, sólo que no lo logro entenderlo y me lleno de frustración al no conocer la respuesta- entonces no es cuestión de entender mi buen señor, es cuestión de sentir, hay cosas que ni la razón ni la lógica podrán comprender, tal vez a eso debería añadirle el sentir, tal vez así se pueda sentir mejor, ¿no lo cree?

Tales ideas que nunca se pasaron por la cabeza de Angris en toda su vida lo hicieron en ese preciso momento, cosa que no paso desapercibida por esa pequeña dama que se levantó de su silla con la taza de té aun en sus manos y se puso en frente de Angris. De la manera más espontánea e inesperada, le dio un beso, un beso que causo que esa sensación tan indescriptible para Angris, se tradujera en un beso la forma más simple, pero a la vez compleja de lograr expresar amor.
Después de este evento pasaron muchos otros eventos, ese tipo de eventos que hacen que hoy después de mucho tiempo Angris visite a la misma hora en ese mismo lugar en el que un día por última vez una pequeña dama le quito la amargura y la soledad con una sonrisa.
Ad memoriam rei perpetuam de Yubian (Luna) Rodriguez

Por Diego Walker

jueves, 14 de octubre de 2010

NOBLE CABALLERO


En los tiempos antiguos, un caballero se va a las cruzadas y se despide de sus familiares, amigos, etc... diciéndoles:

- Como vuestras mercedes saben, me voy a luchar a Tierra Santa para mayor gloria de la cristiandad, y es muy posible que no vuelva. Ésta es la llave del cinturón de castidad de mi esposa; si pasaren 10 años sin que supiereis nada de mí, tened la merced de darsela.

El caballero sale del castillo en su blanco corcel y apenas ha cruzado la puerta del castillo, un sirviente sale corriendo y le grita:

 - ¡Don Álvaro!, noble señor, gracias a Dios que le he alcanzado!, ¡nos ha dado la llave equivocada!

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Enfermo de Melancolía


“Enfermo de melancolía”, dijo el doctor esta mañana al no encontrar más explicaciones para ese dolor en el pecho del señor Ango Diendres, quien desesperado y apurado por el dolor lo llamo para que le atendiese con prontitud. –Su edad no es propia para una enfermedad cardiaca, tal vez se deba a una melancolía- a lo que el paciente con cierta extrañeza le replico – ¡qué melancolía ni que nada doctor! Lo que tengo no es espiritual, no tengo esperanza ni añoranza alguna de tiempos pasados, los recuerdos de cualquier ángel siniestro están en el pasado y lejos de poder alcanzarme-
El doctor con cierta gracia agacho la cabeza en señal de condescendencia a lo que Ango le miró con soberbia y le exigió que le explicara a que venía ese gesto. El doctor le miro a los ojos y le dijo: -mi buen amigo pueda usted pasarse la vida diciendo lo mismo, pero la verdad es que ese pedazo de carne que tiene en su pecho aun recita versos que invocan la presencia sombría de aquellos recuerdos y añoranzas que su cabeza dice haber dejado atrás. Las heridas del alma y del corazón son masoquistas y no encuentran alivio sino hasta pasado mucho tiempo, tómeselo con calma, aun esta joven y tiene que prepararse para lidiar con mucho más que “ángeles siniestros” mi buen amigo-.
Ango solo pudo agachar la cabeza al haberse dado cuenta que las palabras del doctor estaban llenas de verdad, desesperado Ango levantó la cabeza y lanzó una mirada amarga y desesperada al doctor a lo que éste solo pudo contestar dándole palmadas en el hombro tratando de tranquilizarle y después de un minuto de silencio en la habitación Ango dijo con voz entrecortada: –dígame doctor, usted tiene más experiencia y conocimiento que yo en esto, ¿qué puedo hacer? Tanto tiempo que ha pasado y no siento que haya progresado desde que esa persona me quito la luz y me dejo en la oscuridad sin esperanzas, ¿qué remedio encuentro para tanta amargura y soledad?-
El doctor solo levanto la mirada al techo y lanzó un suspiro muy fuerte, tan fuerte que Ango lo sintió en su copete, el doctor algo tímido se sentó a su lado y le dijo: -si yo tuviera la respuesta a semejante pregunta me habría hecho rico en la cura del mal de amores, no mi buen amigo, no tengo una buena respuesta solo tengo un montón de palabras que me imagino ya habrá oído antes, pero puedo decirle que cada vez que la melancolía llegué la reciba con una sonrisa desafiante y que le haga frente no importa que le cuesta la vida al fin y al cabo en cualquier lucha se corre el riesgo de no salir ileso o incluso sin vida, recuerde que usted es el único que decide qué hacer o que dejar de hacer-.
Dicho esto el doctor se levanto de la cama y alistó su maleta, mientras Ango se refugió en cavilaciones y no escucho cuando el doctor se despidió y salió de la habitación. Ango rompió con un grito el silencio de la casa y seguido por lágrimas se levanto de la cama para ir al baño y mirarse al espejo y preguntarse. -Tú que eras un maestro en el difícil arte de no mojarte bajo un chaparrón-. Ango se fue luego al cajón de la mesita de noche y sacó una fotografía, suspirando y con voz entre cortada dijo:-profunda es la incisión en mi corazón, esa prisión sin barreras decolora todo con la visión del túnel, adormecedora ninfetamina, enfermo y débil mi condición esta lujuria, una adicción vampírica-.
Al término de esto, Ango tomó el encendedor y quemó la fotografía y tímidamente susurro para sí mismo: -Espero con este acto simbólico empiecen a cerrar mis heridas, mi dulce ángel siniestro no me culpes si dejo de llorar por ti, es solo que mi corazón es demasiado oscuro para que me importe-.
Una brisa fría se coló en la habitación al mismo tiempo que Ango preparaba un último acto simbólico para ese día de melancolía. Levantando una copa de vino exclamo fuertemente:-Brindo por tus palabras, brindo por tu “nunca te voy a olvidar” y tu rara manera de demostrarlo dejándome a la deriva, brindo por tu nuevo amor y sobre todo brindo por tu nombre que hoy ahogare en esta copa de vino SALUD POR TI! MI SINIESTRO ANGEL DE 7 LETRAS-.
La vida sigue adelante y cada quien lleva su propio ángel siniestro a cuestas con la firme esperanza de que algún día su omnipresencia desaparecerá sin que la nuestra lo haga también. A eso es a lo que hoy en día me aferro será en vano, no lo sé, pero espero el tiempo me permita contarles una historia distinta a la de Ango.

Nuevamente gracias Diego.

lunes, 13 de septiembre de 2010

7 Letras

Acompañándome ahora en palabras, mi buen amigo Diego me comparte algo que en verdad mueve las fibras, creo, todos hemos tenido un ángel siniestro que desde el pasado y el recuerdo aún se jacta de la historia.


Ella era todo lo que yo quería, el dulce hechizo de suave adicción que necesitaba reforzar mi existencia. Ella hacía que con su risa leve todo aquello que existía tuviera una razón de ser. Ella era el dulce néctar que abastecía mis ganas de vida. Ella era 7 letras formando un nombre que pronunciaba con el mismo temor con el que pronunciaba el nombre de Dios. Ella era la mejor parte de mí. Ella era el perfecto remedio para la soledad. Ella era MI todo
Quise amarle, quise adorarle, quise hacer tanto como pudiera para poder creer que la merecía. Con tristeza y algo de nostalgia me doy cuenta de que no fue suficiente y que fue tan poco que lo que queda para mí después de todo esta historia es olvido sin compasión y sus ráfagas de odio, que contrasta con mi agradecimiento y cariño sincero.