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viernes, 1 de abril de 2011

El nacimiento del espíritu de Ormasth, parte II.

Acto seguido, el cadáver de Manninder se desangraba ante sus manos, que empuñaban el cuchillo que estaba destinado a terminar su propia vida. Ormasth decidió salir de allí y tomar camino hacia las praderas. Por el sendero que tenía a la vista desde los árboles por los que transitaba, diviso una pequeña cabaña. Supuso que algún campesino le daría algo de comer y un poco de paja para dormir en las afueras de su cabaña a cambio de algo de trabajo en la mañana. Por lo que tocó de la humilde cabaña.

Lo recibió quien parecía ser el padre de una numerosa familia, le dio pan, queso y un poco de leche a cambio de que Ronier, nombre que Ormasth usó en honor a su hermano asesinado por los barbaros, le ayudara con los cultivos al día siguiente. Tomó algo de paja y se recostó entre los árboles a unos metros de la cabaña. Aquel señor dueño de la cabaña, al cerciorarse de que Ronier se había quedado dormido, mando a uno de sus hijos al cuartel de los bárbaros para que éstos le dieran una recompensa por el fugitivo. El olor que emanaba Ormasth, su raída ropa, así como las llagas en sus manos y en sus pies dejaban al descubierto su procedencia.

Antes de que el sol saliera por las montañas Ormasth fue despertado por las espadas desenvainadas que corrían hacía él en manos de los mismos bárbaros que habían acabado con los suyos y ahora iban tras él. Ormasth los recibió con el mismo cuchillo con el que ellos pretendieron obtener su cabeza y uno por uno les dio muerte haciendo gala de las habilidades bélicas que le había heredado y enseñado su padre poco antes de su muerte. Fueron muchos, pero Ormasth, alimentado por su rabia y coraje no dejo rastro. Busco entre las cabezas corroídas por la sangre el rostro de quien asesino a su madre frente a él, quien parecía haber sido el líder de aquella misión, pero no le encontró.

Ya en la pequeña cabaña dónde vivían los delatores de su paradero, entró espada en mano dispuesto a asesinar al padre. Pero al verle protegiendo a sus numerosos hijos, le recordó su padre muerto. Salió de aquella cabaña jurando no volver a confiar en los extraños, aun cuando estos le muestren amabilidad como carta de presentación.

Tomo el mejor caballo que encontró entre las pertenencias de los barbaros, y se dirigió hacia el éste, en busca de reflexión y educación.

El nacimiento del espíritu de Ormasth

El sonido de los cascos de caballo contra la arena de rio le trae nefastos recuerdos al pequeño Ormasth, no hace mucho que los barbaros masacraron a su gente y se lo llevaron con él a las vastas colinas del norte. Su perspectiva no era muy buena, debía hacerse de la fuerza necesaria para poder escapar de aquel lugar y vengar a los suyos, pero por mucho tiempo no encontró un solo rayo de esperanza que le amparase en el desgarrador frio de su celda.

Al crecer, Ormasth, esclavo ganado en las tribus del sur, fue trasladado a una celda más grande, junto a otros esclavos que, como él, habían perdido toda esperanza. Se apoderó de un rincón al que caía la luz de las estrellas que cambiaban de forma con el pasar de los días, y entre sueños y visiones, le mostraron que muy dentro de él, todavía existía el poderoso guerrero que su padre le relataba que se convertiría, cuando era muy pequeño y aún no podía ni pronunciar palabra.Fue el manto nocturno el que le llevó a un recorrido cósmico entre las leyendas de sus antepasados, alguien allá arriba tenía una fuerte fe por el muchacho.

Pero las oportunidades para escapar eran pocas y aún más eran las de vengar la sangre de su familia. Una noche de junio, creía el por el orden de las estrellas, llegó a la celda un joven esclavo de una tierra similar a la suya. El nuevo compañero de celda se hacía llamar Manninder, y juntos armaron un plan para salir de aquel lugar. El momento adecuado llegó, y ambos muchachos se encontraron a varias millas del campamento opresor de los bárbaros.

Llegaron a un pequeño pueblo y encontraron una cueva que les serviría de refugio durante esa noche, al menos. Ormasth salió en la noche y se internó en el bosque para realizar un pequeño ritual en agradecimiento a las estrellas por su iluminación en esos tiempos difíciles, al regresar a la cueva, escuchó la voz de otros, que charlaban en forma altiva con Manninder. Por lo que escuchó le estaban ofreciendo un trato

-¡Su libertad a cambio de la vida de su compañero, fugitivo! – le gritó el barbaro a Manninder – Deberá traerme su cabeza mañana antes del amanecer, le daremos a cambio su libertad y una moneda de Oro.

-Vamos, no puede ser tan ingenuo de pensar que después de eso lo dejaran con vida a él también, más aun de creer que le darán recompensa en metálico – pensó Ormasth escondido tras un grueso tronco de roble.

-Ddde acuerdddo – musito Manninder al barbaro – tendrá su cabeza para el amanecer.

Ormasth aún no podía creer que aquel que había considerado su compañero en la venganza se doblegara ante los asesinos de su propia familia y prometiera su cabeza. Pero algo de esperanza por la fidelidad de Manninder quedaba dentro de él, por lo que decidió entrar a la cueva con normalidad pero mucha precaución. Ormasth se dispuso a extender algo de paja que encontró en el camino para no tener que dormir sobre el suelo húmedo y rocoso de la cueva, cuando sintió que un cuchillo se acercaba por su espalda.

sábado, 15 de enero de 2011

Montaraz



El invierno encrudecía, las impetuosas tormentas descargaban su furia contra el suelo, marejadas completas gobernaban en lo que antes se consideraban colinas  fértiles, todo era una poesía, la majestuosa sinfonía del poder ejercido por la naturaleza que, para disgusto de los mortales, había encontrado  auditorio en nuestra realidad.

En lo alto de una colina, la boca de piedra que ferozmente se oponía al clima albergaba un relegado, atrás quedaron sus cálidas cenas en La Grill de los Ladrones y el respeto a su nombre. La vida de un hombre puede cambiar con la facilidad de un camaleón, ésta frase resonaba en su memoria, ya llevaba un año viviendo en la espesura del Moonwood, seis meses desde la desaparición de su maestro; ahora, solo, verdaderamente solo, sentía nostalgia por las decisiones precipitadas.

Se levantó y notó que sus raciones estaban próximas a extinguirse, con un suspiro de complacencia emprendió rumbo al Oeste, un pequeño rebaño debe estar por esos lugares               –pensó-, al recorrer las empantanadas sendas divisó con facilidad que no era el único cazador del lugar, media hora después, logró notar  entre las ramas a una jauría de lobos que felizmente disfrutaban las glorias de su caza, decidió evitarles.

Más al Este, cuando su arco apuntaba a la Yugular de su presa, notó un torpe movimiento, alguna criatura herida se arrastraba melancólicamente, ésta acción puso en sobre aviso a los animales que raudamente emprendieron huida. Al acercarse la lúgubre escena de un vigoroso lobo al borde de la muerte le conmovió. Tomo su espada dispuesto a acabar  con el sufrimiento de tan digno ejemplar; pero, algo en su mirada se colaba en lo más profundo de su alma.

Invadido por los juicios morales decidió dar un corte rápido e indoloro, el lobo, que comprendía su destino se desplomó lenta y orgullosamente sobre el suelo para así recibir su muerte, él, al notar la majestuosidad del carácter aquel, carácter que pocas criaturas con uso de razón pueden si quiera soñar, le dijo.

Eres ahora mi hermano,  nada te faltará, atenderé tus heridas Sombra.

Con una disimulada sonrisa en su rostro se dispuso a auxiliarle, había encontrado una nueva forma para empezar y así  curar las heridas de su alma.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Patrick Burnfire

Mi historia me preguntas buen Donner. …Hace tiempo no me detengo a fumar una buena pipa y recordar de donde vengo. Soy Patrick Geganius Praeconinus Burnfire, Hijo de Geganius Burnfire y Lida; de pequeño fui adoctrinado en la Santa Fe Católica en los pueblos cercanos al Imperio, mi padre fue un noble mercader y mi madre… pues ella fue una adorable madre, lo es aún supongo, tengo tres hermanos menores de los cuales no se mucho.

Me apodaron Praeconinus debido a la simpleza de mi razón, o al menos eso es lo que mi Lida solía decirme “un heraldo de Dios que ha llegado a cambiar nuestras vidas…” Cuando mi edad no superaba los 9 años fui apadrinado por un tío, su nombre es Augustus Maximus, quien debido a su posición en el Clero tenia ciertos contactos en la Gran Escuela Imperial de Magia y luego de ciertos trámites legales logré ingresar; me distinguí en gran medida dentro escuela de Transmutación y algo de Evocación, pero en sí, la magia es un dulce ente que con sus múltiples formas sacia la sed de conocimiento

Algunos años pasaron dentro de la escuela y con gran agrado logré graduarme, sin embargo, de regreso a casa en unas cortas vacaciones me enteré que mi padre Geganius y mi tío Augustus habían partido sin dar explicaciones aparentes. …Mi padre aún no aparece, mamá se fue lejos del imperio a una nación libre para proteger a mis otros hermanos mientras que yo averiguaba quien fue el canalla que asesino a mi tío. 

Tantas horas deambulando por las oscuras calles del Imperio me llevaron a un viejo hostal, Poisontounge decía en la puerta de entrada, tras unas horas de charla y mucho dinero fuera de mi bolsillo me enteré que miembros mismos del Maldito Imperio le habían mandado a liquidar… ¿Sí no puedes confiar en quienes te educaron, acaso existe un sólo ser con quien contar? Tanto llanto y odio me dio a entender que no.

Juré rencor mortal al Imperio y abandoné mi preparación diaria en cuanto a magia y demás, encerré todo en un arcón anhelando con espada en mano arrebatarle al asesino la sangre y lagrimas hurtadas a mi familia. Me enlisté en un verano como mercenario de un reino vecino, duré horas entrenándome físicamente para adquirir la fuerza, técnica y salud que los años de estudio me habían arrebatado.

Día tras día en mi dedicación pura, meditaba sobre las razones por las cuales los hombres traicionan, sin lograr hallar respuesta más obvia que por la corrupción de sus almas y la tiranía de un poder prometido, ¡pusilánimes criaturas! se creen forjadoras del poder cuando este no es más que un ser invisible y espiritualmente fútil… Luego cayó la guerra y un escape forzoso, la historia de allí en adelante querido amigo, esa ya tú la conoces.