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viernes, 16 de septiembre de 2011

Kera.

En mis grandes aventuras, desde aquellas ínfimas cotidianidades pasando por los logros terrenales y llegando al fin a la culminación de mis fantasías, jamás creí verme tan pequeño, insignificante,  hermosamente lleno. Fue una noche de Julio o algo así, en verdad su aparición se asemejaba más a un sueño. Me encontraba sentado intentando liberar mi mente con unos pequeños acordes de guitarra mientras me sumergía en la cofradía de una buena charla acompañada de café. En medio de la noche, de esa noche estrellada, ella llegó con paso ligero y una sonrisa que ingrávida recordaré por el resto de mi existencia. Dudando aún si le conocía o no, empujado por una fuerza mayor a mí quería hablarle, pero; como contraposición a mis impulsos, mi razonamiento no me lo permitió.

Y así la vi partir…

Un suspiro celestial pensé, esas extrañas visiones que suponemos sólo aparecen para virtual enseñarnos a creer en un mundo metafísico. Decidí no seguir soñando, embriagarme en la rutina y olvidar cualquier vestigio de emoción, días agitados, noches de cansancio, todo junto almacenado en jornadas necesarias. No añoramos lo que jamás  creemos hemos de tener, pero a la noche siguiente regresó; en sueños, canciones, visiones o yo qué sé. Regresó y no lo creía, volvió de nuevo vistiendo aquella sonrisa de tranquilidad y esperanza, una pincelada de esperanza.

Soñaba despierto mientras ella me hablaba, un saludo cortés, un tal vez risueño, una taza de café. Una taza de café y la epifanía de encontrar en  aquella persona quien gobernase  en mis realidades con voz dulce, sabiduría pulcra y amor verdadero. 

lunes, 23 de mayo de 2011

El Abrazo.

Digamos que yo no estoy aquí, que no he venido y, por lo tanto, ni veo ni oigo nada.
Pongamos que mis sentidos, ante mi supuesta ausencia, no sirven para nada. No puedo tocar, oler ni saborear lo que hay a mi alrededor.

Imaginemos, por un solo instante, que sé que hay un montón de gente junto a mí que me habla, me toca y me acaricia. Los hay que lloran, que rezan y que, con mirada ausente, se pierden en sus pensamientos. Los hay que ríen, cantan y que, con destellos en los ojos, dan rienda suelta a su alegría.

Y ahora veamos la realidad.

Veo y oigo a todos. Huelo y siento los perfumes de personas y cosas. Saboreo, sin poder remediarlo, un adiós.  ¿Por qué ellos no me oyen?, ¿qué me pasa? Mi cerebro no sabe qué pensar y por momentos rozo la locura. Grito, pataleo y gesticulo, pero es imposible. Para ellos no existo.

Muerte, no, la muerte es algo pragmático, una maldición, es esto una maldición, desde el principio mismo, desde Caín padre hasta mí. No, no me oyen, para todos ellos estoy muerto, aún es de día, la bestia debe esconderse hasta que la noche –maldita y oscura- le permita despertar.  No grito, no pataleo, no gesticulo; es todo una ilusión, una maldita esperanza que surge mofándose de mi aún vívida humanidad.

Oh, traicionado por el deseo, era blanca como la luna, fría como la nieve; un tonto enamoramiento, un maldito enamoramiento. Sire, así es como le llaman, sí, Sire. Es ahora mi madre, una madre que condena a un hijo con frialdad y sin remordimiento, no podre llamarle madre mientras le  desee, no podré llamarle madre cuando le añore, ahora sólo me queda maldecir, maldecir cuando veo su rostro en mi memoria, desfilando como un cáliz lleno de arrepentimiento.

Asumamos que todo fue un sueño, que no oigo realidades sino voces en mi mente, que no he muerto, sólo descanso apacible en mi pequeño colchón, asumamos pues que despertaré y me encontraré de nuevo en una monótona vida, viviendo feliz con las migajas de un mundo que no me valora. No ¡NO! ¡Esa fue la razón!, el mundo no basta, la vida no basta, el conocimiento no se detiene, aún quedan obras por ver, piezas magistrales por escuchar, es eso, ese es el verdadero peso de mi condena, una vida no basta, ella, ella…    Ella sólo se identificó conmigo.

¡Maldita madre! Ya se acerca la noche y tengo hambre, despertaré agónico y la bestia me guiará, sólo espero que mi familia esté lejos, aún les quiero, aún no estoy listo para la prueba final.

martes, 10 de mayo de 2011

Suicidio.

No busques la razón que te trajo hasta acá, no hay tiempos para recuentos  ni arrepentimientos súbitos, no maldigas los frutos que en otrora sembraste sin pensar. Te pregunto yo aterrorizado mortal: ¿Qué harás ahora? Cuando el viento mismo es un bosque de agujas.  ¿Cómo dormirás? Cuando tu alma ya cansada arrastra cadenas impropias a la edad.

Ahora sólo reniegas y reniegas sin parar, mas el coraje usado para tan íntimo acto fenece pútrido bajo la carne que lo concibió. Retaste a dioses, a tu familia, a tus hermanos. Te creíste dios sin pensar que con aquel acto renunciabas a ser humano, un alma sin ninguna asunción.

Llorabas por  vivir, ahora gasta tus lágrimas al verte partir.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Santa y terrenal ilusión.

Alguien me dijo un día que,  si mi espíritu andariego no encontraba descanso, mas que un alma libre sólo sería un ser sin hogar… Hogar me repito hoy, he amado el mundo, he besado el néctar dulce de cada virginal encanto, así mismo, me he embriagado  entre mieles fermentadas de amores experimentados.

Vivido, caminado, explorado…

Me pregunto hoy cuando la fe parece marcharse de mí, ¿Alguien podrá amarme en las mañana frías? ¿Serán sus brazos aquello que los poetas llaman hogar? No tengo dios alguno al cual rezarle, no encuentro Padrino que me ayude a convencer  ni sabio que me instruya en el amor, en ese campo que, entre bendito y arcano, desespera a los hombre libres, a aquellos que juran haber vivido en libertad.

Es ella lo sé, la más señora de las mujeres, la razón para detener mi camino, mi pensamiento más tangible.

No tengo dios a quien rezarle, pero sé que, si mi religión es la libertad, su vientre es el templo donde eximiría mi pasado, donde construiría un hogar, donde crecer y soñar sería una realidad.

He dado mi constancia y pasión; sin perder la razón día a día he buscado su tacto, matando aquellas banalidades que me impiden profesar en su nombre mi sensata libertad, aunque sus ojos sólo me han abrazado dos veces, son las dos ocasiones en las cuales me he mofado de la creación divina, porque a su lado lo demás es cotidianidad.

No sé aún su nombre, ni siquiera sé si ha de llegar, solamente puedo afirmar que mientras me quede aliento alguno, ¡no me mentiré! Y si en su tacto encuentro libertad, entonces tengo un motivo por el cual luchar…

Prometió que llamaría –no sé si lo soñé-, ahora, sólo queda esperar, y si aquel llamado no llega, que las estrellas sean testigos de mi despertar, ya que las santas ilusiones no son inmunes al amar.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Patrick Burnfire

Mi historia me preguntas buen Donner. …Hace tiempo no me detengo a fumar una buena pipa y recordar de donde vengo. Soy Patrick Geganius Praeconinus Burnfire, Hijo de Geganius Burnfire y Lida; de pequeño fui adoctrinado en la Santa Fe Católica en los pueblos cercanos al Imperio, mi padre fue un noble mercader y mi madre… pues ella fue una adorable madre, lo es aún supongo, tengo tres hermanos menores de los cuales no se mucho.

Me apodaron Praeconinus debido a la simpleza de mi razón, o al menos eso es lo que mi Lida solía decirme “un heraldo de Dios que ha llegado a cambiar nuestras vidas…” Cuando mi edad no superaba los 9 años fui apadrinado por un tío, su nombre es Augustus Maximus, quien debido a su posición en el Clero tenia ciertos contactos en la Gran Escuela Imperial de Magia y luego de ciertos trámites legales logré ingresar; me distinguí en gran medida dentro escuela de Transmutación y algo de Evocación, pero en sí, la magia es un dulce ente que con sus múltiples formas sacia la sed de conocimiento

Algunos años pasaron dentro de la escuela y con gran agrado logré graduarme, sin embargo, de regreso a casa en unas cortas vacaciones me enteré que mi padre Geganius y mi tío Augustus habían partido sin dar explicaciones aparentes. …Mi padre aún no aparece, mamá se fue lejos del imperio a una nación libre para proteger a mis otros hermanos mientras que yo averiguaba quien fue el canalla que asesino a mi tío. 

Tantas horas deambulando por las oscuras calles del Imperio me llevaron a un viejo hostal, Poisontounge decía en la puerta de entrada, tras unas horas de charla y mucho dinero fuera de mi bolsillo me enteré que miembros mismos del Maldito Imperio le habían mandado a liquidar… ¿Sí no puedes confiar en quienes te educaron, acaso existe un sólo ser con quien contar? Tanto llanto y odio me dio a entender que no.

Juré rencor mortal al Imperio y abandoné mi preparación diaria en cuanto a magia y demás, encerré todo en un arcón anhelando con espada en mano arrebatarle al asesino la sangre y lagrimas hurtadas a mi familia. Me enlisté en un verano como mercenario de un reino vecino, duré horas entrenándome físicamente para adquirir la fuerza, técnica y salud que los años de estudio me habían arrebatado.

Día tras día en mi dedicación pura, meditaba sobre las razones por las cuales los hombres traicionan, sin lograr hallar respuesta más obvia que por la corrupción de sus almas y la tiranía de un poder prometido, ¡pusilánimes criaturas! se creen forjadoras del poder cuando este no es más que un ser invisible y espiritualmente fútil… Luego cayó la guerra y un escape forzoso, la historia de allí en adelante querido amigo, esa ya tú la conoces.

martes, 9 de noviembre de 2010

Asesino Serial

¡Qué curiosa se ve la duda que reposa en tu boca! Juraría que de tus labios mana deseo, pues bien, ¿Por qué no sucumbir ante él? ¿Por qué no entregarse al sentir y permitirle a la humedad reposar con gracia en la comisura de tu carmesí encanto?

No, no puedes ni debes temer, no es lo que te detiene. Ven, acércate, siente como mi corazón se acelera y mi respiración se torna densa, casi inmóvil; ven, sé que puedes amarme, sé que quieres amarme, sé que debes amarme…

Así es…  …Siente que en mis brazos nada faltará, en mis sueños te he visto surgir, eres mi promesa frecuente, mi amor constante, mi todo.

No, ¡no te vayas! No te alejes, no me dejes solo, no así, no con desdén. No te sumerjas en el río, nada, ¡Nada! ¡Nada te digo, nada! No, no… …No te hundas, no te marches, no me dejes solo,  no encontraré a nadie como tú, por más que busque, por más que encuentre, por más que pierda…

domingo, 17 de octubre de 2010

Por fin juntos

Puede ser ésta tal vez mi más grande campaña, ¿sabes?, detesto quedarme sin palabras. Generalmente mi boca se vanagloria del diálogo y puedo jurar que incluso es por ella que una larga fila de amores han sucumbido ante mí, ¡es como una enajenadora flor carmesí!

Sin embargo, rompes todo mi ser; tu sonrisa entierra miedos, tu boca profesa: alegrías, sueños realizables, mágicas esperanzas, tu boca simplemente hace que la mía tartamudeé. Cientos de noches he planeado éste momento, cránee las más completas estratagemas e incluso leí algunos libros sobre psicología. Sí, sé que suena un poco enfermo; pero, tu cercanía lo vale.

¿Ahora lo entiendes? He venido acá para simplemente poner mi alma ante ti, te amo, te amo, te amo…  …Si he de escoger, prefiero sin dudar tu compañía; envejecer juntos, caminar de la mano, formar una familia, cuidarte y sentirme tuyo, completamente tuyo.

Sí que lo entiendes… te prometo amor mío,  mientras respire nunca sola te has de sentir, si algo he de hacer por brindarte tu alegría y paz, puedes darlo por hecho, te amo, te amo, te am….

Bruscamente el sonido del despertador cortaba la noche, y con ésta su eterno sueño de ser feliz.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Mi Reino por un Demonio.


Con el tiempo las heridas de guerra renacen más allá de la piel, hoy con un dolor adormecido he sentido las batallas perdidas -aquellas empozadas en el alma y fermentadas en el olvido-. Tras cada victoria en combate, el caos doblegado por una mente objetiva fue recluido sin piedad, ahora, lleno de fuerza arremete alimentado por una venganza, ataca hasta robar mi razón.
Pocas veces he sentido la cordura tan distante a mí, tan lejanas heridas han atacado sin piedad llenando mi cabeza con caos, haciendo germinar blasfemias en mi boca.
He lastimado cruelmente a los miembros de tan noble corte y soy consciente que tan vil actos deben ser castigados, sometido por demonios ataqué sin consideración, por eso hermanos míos –si aún les puedo nombrar así- solicito oficialmente ser exiliado de los campos de batalla ante la imposibilidad de manejar las tropas, y si es el caso, marcharme por siempre de Edoras.
Ni mil victorias justifican descargar las derrotas sin razón. Lo siento.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mi vida por la de ellos.

¿Por qué yo preguntas? Es simple, es muy simple…
A mi derecha está un ser tan temido como poderoso, bajo su hacha han caído centenares de enemigos sin poder siquiera tocarle. Enseguida podéis ver a la bondad andante, sus manos están benditas y es por él que podemos respirar hoy día; a mi izquierda con voz extraña y lindo mirar se yergue brioso nuestro conocedor de arcanos secretos, en frente mío, es él, simplemente él…
No es muy sabio, fuerte, inteligente, cuerdo, cortes, gentil, útil y demás… Sin embargo, lo necesitan para poder continuar el camino sin errar ruta alguna. Como podéis ver mi señor, soy la única que puede simplemente alejarse sin ser extrañada o necesitada…
(Suspiro)
Los designios de los dioses no son siempre muy claros, mas no creo puedan ser errados.
He de partir ahora, con la satisfacción a flor de piel; sé, y con júbilo lo sé, mis amigos podrán continuar la búsqueda de aquel extraño portal, devolver la vida a los hombres tristes, encender una llama de esperanza a aquellos seres orejipuntudos, purificar el templo de los antiguos dioses del bien y restaurar aquel equilibrio en todo el continente…
Amigos, amigos…
(Sonrisa)
En alguna ocasión te levantas durante aquellas escasas mañanas tibias añorosa de vivir; descubres que el mundo es enorme, la gente viaja, tu padre se va… Día tras día alimentas la idea de zarpar lejos, lejos y escapar, sumergiéndose en una lontananza etérea llena de dicha, conocimiento, aventura.
Agarras lo que está al alcance de tus manos, tapas tu rostro para evitar el gélido viento del sur y tomas rumbo recto hacia lo desconocido. En tu mente se albergan sin permiso alguno las gestas primarias, unas pocas traiciones, los exquisitos amantes, historias fantásticas, buenos recuerdos… Mas los días se hacen meses y estos años sin piedad.
Sin piedad…
Descubres que existe maldad, siempre debes desconfiar sin importar quien sea; sin embargo, los dioses se jactan y entretienen vertiendo ironías en los recios caminos que cruzamos. Conoces la mentira, conoces la verdad… Y una mañana plomiza eres visitada por un grupo de desconocidos que necesitan de ti; la paga es buena, son simpáticos y es una tierra nueva por conocer. ¡No suena nada mal!
Creces, crees, amas… Tu alma confiesa, tu espíritu canta, quieres a la gente que un día nada era y amas a los seres que corean tu camino. Con asombro empiezas a entender la magia que encierra a aquellos compañeros en armas, envolviéndote en la sensual cofradía, entregándote a tu nueva familia.
Familia…
(Sonrisa)
Acá a la derecha está mi hermano de espalda ancha. Enseguida podéis ver a alguien que es más que un guía; a mi izquierda con voz extraña y lindo mirar se yergue brioso este virginal encanto, en frente mío, es él, un tonto loco, mi errante loco nada más…Como podéis ver, he tenido una vida plena; crecí, odié, amé, conocí… Cree mi propia familia, mi hermosa familia.
Una sola cosa no hice jamás, nunca me casé, pero, en otra ocasión será, por ahora decidme, ¿qué camino debo tomar? A ellos y a mí nos espera un largo viaje, y si no es mucha molestia, espero partir antes que les devuelvas la vida, no me habitúo a las despedidas…

miércoles, 18 de agosto de 2010

Una grata sorpresa

Siempre que estamos ausentes, permitimos que nuestros sentidos se olviden un poco de este mundo, y así, renacer con sorpresa en la cotidianidad. Bueno, hoy fue un día de esos, en los cuales se deduce que la ausencia es una excusa para cautivarnos y asombrarnos.


Recibí un escrito inesperado, algo que mi mente tomó como alimento primario; antes de las noticias matutinas, unas cartas atrasadas, aquellas sublimes canciones, previo a todo esto, mis ojos tuvieron el gusto de ser sorprendida por este mensaje:


Había renunciado a la sola idea de volver, eres mi más grande excepción. Hemos llegado y los olores ya penetran mi confianza, transportándome sin consultar, a ese entonces en el que mi estancia no era voluntaria.

Tu mano me trae de vuelta a mis zapatillas blancas. No tenía callos en esa época. Disculpa, no noté las cicatrices. Eres demasiado indulgente conmigo, ¿o fui yo la que me acostumbre al precepto de la huida? No fue mi intención abandonarlos, abandonarte.

Me alegra que hayas dado conmigo anoche, no es común ver tal arrebato de benevolencia en el destino. ¿Era tiempo de volver a ti? Ahora hace más calor que antes, pero no hay relación con la temperatura, son los centenares de sonidos y recuerdos que me bombardean con la nostalgia.

¿Habrías preferido que me quedara? ¿Y qué hay de ella? No estaría, o seria nuestra en lugar de solo tuya, o tuya y de ella, que es lo mismo. Deja de preguntarme si estoy asustada, probablemente la situación lo amerite, pero a tu lado, el miedo es ridículo.

Es raro, haces que se sienta bien volver.

Gracias Aine, despertaste mi asombro dándole un tono particular a este día.

martes, 17 de agosto de 2010

Fantasma

Quinientos veintiocho días limpio, cien amaneceres sin el sabor rancio de las pastillas, treinta noches de descanso…
Pensé que aquel rostro no sería más que un difuso recuerdo; me esmeré en olvidar su sonrisa eterna, aquella larga cabellera, esas piernas cautivantes. Juré por la cordura misma evitar los placeres que gustaba compartiéramos; adiós a la siestas de medianoche, los vasos de agua helada, el encantador roce de sus manos en mi espalda… ¡Renuncié incluso a respirar el mismo aire!
Pocos entenderían las proezas que el amor u olvido me han hecho comenzar, pocos pueden si quiera olvidar tan fácilmente como yo.
Durante trescientas noches remordí mi alma ahogándome en sollozos de desesperación e ira. Trescientas mañanas fueron acompañadas de inyecciones, golpes, desdichas. Tres centenares de atardeceres hechos horario desfilaron como torturas sobre mi carne; el dolor exorcizaba tu trágica partida.

Al fin libre…

Quinientos veintiocho días de paz no se comparan con verte nuevamente; tan mortal como siempre, tan encantadora como nunca…