Vestidos brillantes de satén, los trajes en azul y rojo para los hombres, zapatos blancos y de colores eran la moda, eran los años setenta y al final de la calle, donde los focos no daban su brillo, estaba una pareja que se había encontrado un par de meses atrás. Eran jóvenes y no sabían nada de lo que el futuro les repararía, pero algo en esa noche de baile, calor, bebida y caricias furtivas les anuncio a gritos privados, que el final que se presenciaba y celebraba ese día, para ellos era el inicio de algo que crecería a través de muchos años que, al igual que esa noche, terminarían juntos.
viernes, 31 de diciembre de 2010
In the dark end of the street
Las luces de los tejados brillaban con la intensidad de la fe de las personas en estas fechas, habían cerrado la calle principal del barrio para allí dar lugar a la espera y celebración del año nuevo que estaba por llegar. Los peinados alborotados y abultados se mantenían en su sitio por gracia de la laca en abundancia que se le daba al pelo como medida preventiva antes de salir de casa, el calor de la noche era abrasador y las gotas de sudor escurrían por los rostros de los invitados.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Un día como hoy.
Hoy llegan a mí los fantasmas del ayer, la triste historia de las felices almas que su muerte encuentran, hoy llega a mí la natural y cruda realidad.
Más que un recuerdo, revivo y repaso mi vida, vuelvo a abrazar la benigna sonrisa de mi imprudente abuela, la sapiencia de mi barbado abuelo, aquella infancia gobernada por sus interminables historias, por sus infinitas caricias.
Encontrar en mi mente sus rostros es una forma más de inmolarme sobre la esencia misma que me rige, es viajar a las raíces imperecederas, es recorrerlas, es repasarlas. Siento su calidez, resucito sus enseñanzas; la confianza, el galanteo, la cortesía, la familia, el honor. Hoy no rueda una lágrima, mas no olvido aquellas que desbordaron mis ojos cuando ustedes partieron.
Con orgullo podrán decir amados ancestros, que su sangre recorre con emoción mis venas y sabrán en ésta vida o en la otra, que la realidad vivida, aunque cruda ha sido plena. Ahora, casi adulto, abandono la lucha por aquellas cosas prohibidas y con fe sé que ahora su historia hace parte de la mía, desde allá –sea el lugar que quieran- una chispa de su sabiduría habita en mí.
Impregnados por la dicha les diré que por fin soy fuerte, noble, gentil. Me despido como hace años, cuando su deceso tatuó mi alma. Cortésmente me retiro, eternamente les llevo, más que una despedida éste texto es el altar espiritual de El cazador furtivo de sueños rotos, esperanzas firmes y mariposas rojas. El mismo cazador furtivo que ha logrado alcanzar las utopías.
DESCANSEN EN PAZ.
Eventualidades.
-¡No te creo nada Carlos!
-¡Lo juro! Cuando caminaba por la finca noté como un fantasma me perseguía, corrí y corrí hasta encontrarme con el vecino, fue él quien ahuyentó al espanto.
-Bah, puras patrañas –añadió Samuel- , los fantasmas no existen.
-¿Ah sí? Pues los reto a todos ustedes, pasemos una noche en la casa abandonada que queda a las afueras de la ciudad, sobre la ruta que lleva a la cascada.
La discusión se mantuvo por algunas horas más, finalmente los tres muchachos decidieron aventurarse el Sábado próximo, cuando la Luna Nueva brillase con mayor intensidad. El aire frío silenciaba los alrededores, a la par, aquellos inmensos árboles del lugar proyectaban sus sombras con majestuosidad; al entrar, una nube de polvo nubló la visión asfixiando a los comensales de turno.
Invadidos por espasmos y tos encendieron velas, Carlos avanzó un poco sosteniendo su crucifijo, al dar tres o cuatro pasos se viró y descubrió que estaba solo.
-¡Samuel, José, salgan!, no lograrán asustarme, no se escondan, miren que no es gracioso.
Pero nadie respondía a su llamado, se devolvió rápidamente hacia la puerta, al abrirla y atravesarla extrañamente entró a un lugar similar a una cocina, desconcertado corrió hacia atrás para regresar, pero se tropezó y su cuerpo cayó junto a las escaleras en el segundo piso, nada parecía tener coherencia, nada en el lugar.
Samuel vio como Carlos avanzó, al intentar seguirle el paso notó la sombra de él alejarse cada vez más rápido, el polvo se esparcía por la sala y sólo lograba distinguir su contorno, enojado porque Carlos no atendía a sus llamados se abalanzó sobre él para hacerlo caer; sin embargo falló y su cuerpo se desplomó a los pies de la silueta. Al levantar la vista vio a Carlos disfrazado con una sábana blanca intentando fútilmente asustarle, Booh, Booh decía él, Samuel colérico se levantó y en un sólo movimiento le arrebató la sábana, al caer ésta vio ante sí, un rostro deforme lleno de expresiones lastimeras, ¡BOOH! Gritaba la creatura con voz gutural, ¡BOOH! Y su rostro se empezaba a deformar.
Samuel corrió asustado sin ver el agujero en el suelo, al caer por éste, unas tablas viejas astilladas le atravesaron su cuerpo, lentamente moría desangrado, en ese instante, observó aquella blasfema figura que se tapaba con una sábana mientras soltaba una sutil carcajada.
José en cambio encontró a una tierna niña que asustada temblaba en el suelo, se acercó dudoso pero lleno de curiosidad, cuando le preguntó la razón de su llanto, ella le respondió “no me gusta ver sangre” ¿Cuál sangre ves? –preguntó instantáneamente- La tuya respondía ella, la tuya… José notó como su piel empezaba a sangrar y miles de insectos se abalanzaban sobre él para así beber de su vital fluido, José atravesó la puerta de la Sala de Estar y se encontró en un jardín, entre la nube de insectos divisó a la distancia un pozo para sacar agua, motivado por su instinto de supervivencia se arrojó en éste sin saber que se encontraba vacío.
Carlos notó como José corría por el piso inferior gritando como un loco, al mirar la ruta por la cual él venía vislumbró una sombra que se acercaba, aquella mancha se detuvo frente a las escaleras y comenzó a subir por ellas. José miró por la inmensa ventana que se levantaba a su izquierda, aquella majestuosa Luna -la cual presentaba un rojizo tono-, brillaba y sangraba a la vez, devolvió su mirada hacia las escaleras y descubrió que la sombra había adoptado una figura humanoide, asustado saltó por la ventana hasta caer sobre un frondoso y espinoso limón, árbol del cuál por miedo nunca abandonó.
martes, 28 de diciembre de 2010
Descanse en Paz Mr Wayne.
Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.
Charles de Gaulle
Una desabrida esposa que solamente encuentra poesía en los placeres mundanos que el dinero facilita, una gran empresa llena de obreros malagradecidos y un montón de prójimos hipócritas e indolentes… Un triste final para aquel jovial soñador, que aciaga es la vida cuando sin familia encuentras monotonía en tu camino, cuando te cansas de caminar rodeado de máscaras y elogios, impregnado de eufemismos, siempre bien servido.
Mr Wayne encontró su calvario al extraviar el sentido de su vida, como un zombi vagaba por los blancos pasillos de lo que se supone fue el mayor de sus logros, rodeado de desconocidos. Como un condenado regresaba a su hogar -a aquello que se supone se llama hogar-, y sin una sola caricia se recostaba esperando terminar su martirio.
Año nuevo es casi siempre la mejor excusa para volver a empezar, tomando un crucero –motivado más por la insistencia de su esposa- descubrió como cambiar su vida, a bordo del Salavareth, conoció a la dulce Graüben, una indómita mujer que había vivido en la mar como nadie más, hija de un famoso Capitán, Graüben, recopilaba el coraje que Mr Wayne sentía fallecido, él, a sus 40 años comenzó a revivir la emoción que décadas de trabajo le habían arrebatado.
Se enamoraron a primera vista, como si sus almas se conocieran desde hace eones, juntos idearon un método para escapar y vivir de la aventura, Graüben contactó a algunos amigos en diferentes lugares del mundo para poder asegurar algo de dinero extra y así comprarse un yate, con unos lazos diseñó un pequeño andamio, ella entró al camarote, regó las uvas sobre el suelo, impecablemente montó la plataforma y espero que se acercara la hora fijada.
Mr Wayne llegó con prontitud, se detuvo en el umbral de la puerta y se sacó la ropa rápidamente, ella la colocó sobre el suelo -usando aditamentos propios de las fuerzas armadas podían entrar sin dejar rastro-, ella le disparó desde la ventana, se acercó y con un bisturí quirurgico le realizó una incisión sobre el antebrazo para crear un pequeño charco de sangre, él salió y la esperó en el pasillo que a oscuras aguardaba a la gente que celebraba gozosa bajo los fuegos artificiales de media noche. Ágilmente antes de partir, Graüben tomó un extremo de la cuerda, con gracia sobrehumana desató el lazo de los barrotes y lo extrajo del camarote sin que éste tocara el suelo.
Bajaron hasta la planta más inferior, tomaron una ruta conocida sólo por quienes conducían el navío, en ella, aguardaba un pequeño bote a motor, antes de abandonar la nave, dejó una carta a sus compañeros explicándoles lo sucedido y solicitando por tradición marinera que le guardaran el secreto, así, juntos, emprendieron una nueva vida, una vida llena de amaneceres en la mar, una vida como pocos lograrían imaginar.
Agüeros.
La policía estaba desconcertada, dentro del crucero nadie logró ver el momento en el cual Mr Wayne se alejó de la sala de recepción, su esposa afirmaba que la última vez que cruzó palabra con él fue cuando éste decidió ir al camarote del barco a tomar doce uvas brasileras antes que sonaran las campanas de año nuevo.
Efectivamente, los detalles hacían suponer que Mr Wayne había llegado hasta el camarote, al abrir la puerta se lograba divisar la mesa de noche entre abierta, sobre el suelo regadas se encontraban las doce uvas; sin embargo, lo verdaderamente curioso es que frente a éstas, la ropa llevada por Mr Wayne se disponía sobre el suelo ordenada de como si él se hubiese esfumado en el aire.
Al examinarla, un pequeño charco de sangre se empozaba sobre la faja del traje y ésta presentaba un orificio, además, lograron encontrar un casquillo calibre 38 bañado por algo de pólvora sobre la ventana que daba hacia el pasillo. No habían huellas, arrastre de sangre, evidencias de violencia en la puerta, simplemente dos extrañas marcas en la ventana.
Mr Wayne fue el foco de las noticias, no era muy adinerado, sin embargo, tenía suficiente dinero para para cambiar la vida de 200 obreros que se encontraban bajo su cargo, su seguro de vida estaba destinado a la beneficencia, su gran empresa dirigida por una asociación anónima, no tenía hijos y su esposa ya disfrutaba de una considerable pensión, los investigadores no encontraban un móvil claro, para descrestar aún más, el primero de Enero, a las 00:10, múltiples retiros bancarios se realizaron de sus cuentas en tres continentes.
La policía no encontraba manera de calmar a la recién viuda, las noticias hablaban sobre abducciones extraterrestres y mil creaturas fantásticas más, lo único que quedó claro es que nadie más comería doce uvas en año nuevo, ¡Jamás!
lunes, 27 de diciembre de 2010
Dietas de tomate y limón
Todo comenzó con el grito de su madre, dieciséis meses habían pasado desde el nacimiento de la pequeña Sophie y su piel seguía siendo tan blanca como el nácar de sus joyas, a diferencia de los demás infantes conocidos, quienes rozagantes, exhibían el rubor de sus mejillas como una muestra indudable de salud y belleza. Espantada por tan atroz anomalía en su pequeña, la señora de la casa mando a llamar por Blanquita, quien aseguraba tener una dieta infalible para que las mejillas de la pequeña Sophie se llenaran de vida.
Por muchos años Sophie vivió bajo una dieta estricta de productos a base de tomate, gracias a los cuales tras unas semanas de uso dio color a su rostro, pero el suspender su consumo hacía desaparecer el rubor, por lo que por muchos años el tomate fue lo esencial en su vida. Blanquita no solo tenia por curioso esta dieta en su conocimiento, el tema preferido de sus monólogos era "la fuente de la vida", un lugar hermoso que proporcionaba eterna lozanía a quien se ganara sus favores.
Al llegar Sophie a una edad de dieciséis años y ver al espejo su hermoso rostro juvenil, se sintió aterrorizada al entrar a la vista el de su madre, quien a pesar de no contar con muchos años ya se asomaban algunas arrugas en su cara. Sin perder tiempo, salió en busca de aquel lugar mítico del que rodeada de tanto tomate oyó hablar.Muchos valles y bosques recorrió hasta dar con el paradero de tal maravilla. A su entrada, un pequeño elfo le saludó:
-Buen día, jovencita, has venido tu a reclamar los favores de la fuente de la vida.
-Si me es posible, señor.
-Has de saber una cosa, antes. La fuente de la vida tiene solo un requisito para prolongar su efecto durante lo que desees que dure tu existencia, eso claro, si es que sales favorecida. El requerimiento único es una dieta a base de Limón, y dejar de consumirlo, aunque sea un día terminara su efecto sin manera de recobrarlo.
-Pero señor, me veré tan verde como dichos limones.
-Es tu elección.
Y así Sophie fue, por muchos años, la verde joven de lozanía eterna, mas hermosa del reino.
domingo, 26 de diciembre de 2010
A quince años de distancia
Horas de camino le habían llevado a ese lugar, sin distinguir espacio ni distancia por el sopor causado por el tren, los olores delataron su paradero y al abrir los ojos, los inmensos mares verdes de su natal Italia, la saludaban coloreadas por el sol de media tarde. Desconcertada aún por el calor ya poco acostumbrado se sintió en principio incomoda, algo en su pecho no funcionaba bien, y residuo de haber vivido con un hipocondriaco fue alarmarse por su salud. Pero no, no era eso, figuras grandes y voces fuertes avisaron que era por un hombre que su pecho se acongojaba de tal manera.
Sonrió para sí al recordar años y años de prometerse un futuro de conocimiento y aprendizaje lejos de su parsimonioso pueblo nativo, y se encontraba regresando por una promesa adjuntada a una pintura que le dejó a su entretenido compañero de charlas insomnicas y paseos a tierras bardas. Por un café cruzaba el continente, por un café se fue de el lugar en el que recibió educación en muchos aspectos, pero el café no era más que una excusa, para así volver al lado de la persona quien eternamente la había hecho soñar.
La calurosa tarde le había devuelto los rizos a su pelo y el sol por entre las copas de los árboles le dio ese brillo a su piel que tanto había extrañado en Inglaterra. Mares y montañas cruzó, para encontrar sus ojos a esa figura que observaba su reloj de bolsillo como una costumbre guardada con aprecio y con cariño. Ella, toda encantos y ademanes agradables, era la mujer que había prometido regresaría, aquella niña que se despidió hacia quince años en ese mismo lugar, él, que no mucho había cambiado, seguía siendo para ella, quien había conocido el mundo y muchos secretos que guarda éste para quienes no salen de su perímetro habitual, todo lo gallardo que alguien pudiera ser jamás.
Quince años, un café, una promesa, una pintura, viajes en tren, libros, horas de sueño perdidas, caminos por valles, cuencas, senderos, lagos, montañas, ríos, todo. Todo y nada, pues las dudas que genera la distancia las acaba esa irrefutable seguridad que brinda la calidez de la sonrisa, la mirada y el tacto, de quien por más distancia de por medio y por más años de ausencia, haya conservado la palabra de amado.
Bella fra le donne
Sacó el reloj de su bolsillo derecho como un hábito, lo guardó sin fijare en la hora. Mentalmente recitaba de memoria todas las líneas previamente ensayadas frente al espejo, los adjetivos indicados que manifestaran admiración sin exponer su total enamoramiento se encolaban en orden preciso. Un vistazo rápido a sus zapatos de cuero italiano le mostraban que cada aspecto a tratar estaba concretado, definitivamente hoy se volverían a enamorar.
Cuando aquella dama se acercaba, la luz del ocaso dibujaba su contorno con majestuosidad, era más hermosa, mucho más hermosa que hace 15 años, cuando antes de partir le dejó una pintura y la promesa de un reencuentro. Había regresado a su Italia natal, estudió lo suficiente para terminar su carrera y respectivas especializaciones, la divina niña que con providencia anunciaba la hermosa mujer en la cual se convertiría, llegaba luego de tan vasto tiempo a cumplir su promesa.
Absorto ante tanta belleza cayó rendido ante sus pies, ella, gentilmente le sonrió y sin discurrir le invitó un café, así, luego de 15 años, cumplieron la promesa de volver a empezar.
sábado, 25 de diciembre de 2010
Actitud.
Tenis rojos, Blue Jean, camisa blanca. Simpleza y actitud, dos palabras que definían su sonrisa, cada amanecer era impregnado de energía, dando volteretas, entonando cánticos realizaba los quehaceres de su hogar, sin importar las adversidades siempre una sonrisa le indicaba el Norte en su destino; libros, guitarra, herramientas, sueños, lonchera…
Una tarde de Abril, cuando debatia con una compañera de la Universidad sobre los Atlantes, ella le negaba que éstos existieran o hubiesen existido, él, sonriendo le dijo que las cosas imposibles son fundamentales cuando se sabe creer, al escuchar un gruñido de molestia por parte de su compañera, sin dejar de sonreír se elevó volando entre las nubes para así no discutir.
Amuletos Rojos
Durante diez días y diez noches el rojo de sus zapatos fue su amuleto estrella, tenis carmesí la animaron y la llenaron de energía en el deporte de cada mañana al comenzar jornada, sandalias bermellón le ayudaron a dar buen flujo a sus negocios día a día y zapatillas escarlata la convirtieron en el blanco de todas las miradas en las noches de baile.
Mas sin embargo, al regresar a casa mientras todas las nubes se disipaban, dejando a sus ojos el regalo de un cielo salpicado de estrellas y a sus oidos el sonido de una guitarra en el segundo piso del hogar al que regresaba. Mientras subía las escaleras, encontró entre la maraña de pensamientos que era su mente, que para encontrarse plácida y plena, no hacía falta amuletos en los pies, sino un par de sabias manos que la despojaran de todo lo que por derecho y virtud no era literalmente suyo.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Revelación.
Siete noches de ayuno, siete días de oración. Al octavo amanecer su cuerpo manaba las esencias propias de la purificación, un alma antes errática no es ahora menos que un alma libre; lentamente caminaba por los verdes jardines del templo contemplando como la paz era despojo de la meditación, el dolor, las penas, angustias y miserias quedaron plasmadas en el recuerdo, como yacen los malos sueños o aquello que nos es incierto.
Dejó su nombre atrás, tan lejos como las contradicciones, tan ajeno como la preocupación. Muy temprano empezó la jornada, encendió incienso para meditar, preparó su cuarto, arregló la huerta, respiró lentamente hasta abrazar la noche; en ella, cuando el oscuro manto hace invisible las realidades, encendió una vela, como un conjuro aquella luz empezó a transformar la estancia dibujando mágicamente una ingrávida sonrisa.
Kerana –suspiró- Lentamente se levantó y abandonó el templo, con un espíritu magnánimo caminó por la espesa noche hasta regresar a su hogar y así, hecho hombre, pudo por fin abrazar la epifanía llamada mujer.
martes, 21 de diciembre de 2010
Una vez más
La espesura de la noche se cerraba cual prisión, sólo unos escasos relámpagos alcanzaban a iluminar en la distancia, sus piernas no eran ni la sombra de aquellos monumentales pilares, sus manos a duras penas lograban sostener la brújula…
Agotado, perdido. Cuando creía encontrar sendero firme, tropezaba y regresaba cuesta abajo, vagaba como un proscrito, luchaba como un soñador. Su avión se había estrellado hace tres o cuatro días, sin comida, sin asilo, sin esperanzas. Un último intento, trepo a ciegas la colina, otro traspié y de nuevo hasta el fondo del barranco.
Abajo, en la más oscura de todas sus maldiciones, condenado y débil esperó su muerte. Algo en el aire cambiaba, algo era distinto, familiar… …La oscuridad, el silencio, todo agudizaba sus sentidos, la tierra era plana, húmeda y fértil, en el aire la lluvia intentaba ahogar el sutil olor de la Flor de Jamaica, la sublime especia usada en sus momentos más íntimos.
Recodó las cenas románticas, los amaneceres juntos, las largas tardes en la regadera, los besos furtivos, los masajes complacientes, los sueños cotidianos, su eterna sonrisa; la misma que le iluminó en tiempos adversos, aquella sonrisa que hoy le exponía una razón más por la cual soñar, por la cual luchar.
Respirando y sintiendo su amor -el amor de alguien que con tristeza y esperanza aguarda su llegada-, emprendió el ascenso, ésta vez lleno de calma, inmerso en la paz, sobreviviendo, cabalgando en los imposibles del amor.
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