jueves, 14 de julio de 2011

AYER POR PRIMERA VEZ

Ayer por primera vez
supe lo que era la aritmética
cuando, sin que nadie se diera cuenta,
me besaste en los labios.
Ayer por primera vez
supe que 1 más 1 son 1.
Jairo Anibal Niño

NO BUSQUES MÁS TU CUADERNO DE GEOGRAFÍA

No busques mas tu cuaderno de geografía.
Yo lo saqué de tu morral.
No quisiste ir a matiné conmigo,
el domingo pasado.
Mis amigos me contaron
que estabas en compañía de Bermúdez,
el grandote que practica la lucha libre.
Me contaron que estabas muy linda,
y que te reias a cada rato.
No busques mas tu cuaderno de geografía.
Ahora que está lloviendo,
asómate a la ventana,
y verás pasar ochenta barquitos de papel.
No busques mas tu cuaderno de geografía.
Jairo Anibal Niño

jueves, 7 de julio de 2011

Una de cada Diez.

Todo el paisaje era borroso y ligero. Un trance  profundo empezaba a dominar la voluntad de Greca, sin embargo; aquella extraña paz era violentada por un pequeño graznido de dolor acompañado de un fuerte aleteo, y de otro, y otro…

Greca intentó reaccionar pero ya era muy tarde, Gregorio se adelantaba sonriente en un ritual ancestral, cada nuevo silencio moría tras un crujir producido en sus manos fuertes; un crujir acompañado de un aleteo, y de  otro, y otro.

Se acercaba, en pocos segundos Gregorio y Greca se verían de frente, uno a uno como dos rivales ancestrales; cuando al fin llegó el momento final, aquel insípido destino revolvía el estómago de greca, ella empezó a gritar y llorar, suplicaba por su vida, anhelaba perdón, compasión.

¡CRACK!

Gregorio sacrificó a greca para su almuerzo de fin de año sin saber que una de cada diez gallinas entienden lo que es la muerte.

Amanda

Amanda tenía el pelo negro como el carbón, tan liso y tan largo que cuando se lo soltaba parecía una cascada a media noche, el pelo de Amanda era lo que más admiraba Manuel, quien la conoció cuando apenas era una pequeña que saltaba entre los charcos que se formaban tras los aguaceros de otoño.

Manuel creció primero que Amanda y debió partir a la fábrica del barrio para llevar monedas a casa para así poder alimentar a sus pequeños hermanos, Amanda que seguía en la escuela cruzaba todo el barrio en sus vestidos llenos de color para encontrarse con él en el descanso del medio día, todos los días durante varios años.

Son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos, suena la sirena, de vuelta al trabajo, y tu caminando lo iluminas todo, los cinco minutos te hacen florecer.

Apenas comenzaba el otoño, y Manuel llevaba un delgado anillo de plata para pedirle a Amanda darle el regalo de su compañía por el resto se su vida, Amanda no recordaba haberse sentido tan feliz en toda su vida. Orgullosa lucía su anillo aguardando el día veintiuno de ese mes, justo en el regreso de un corto viaje de Manuel a la Sierra.

Que partió a la Sierra y en cinco minutos quedó destrozado, suena la sirena, muchos no volvieron, tampoco Manuel.

Amanda ya no tenía el pelo tan negro como el carbón, ni tan liso ni tan largo, el día veintiuno se lo había cortado aún más corto de lo que lo solía llevar Manuel. Amanda tiene el pelo tan corto que los niños del barrio piensan que es un señor, sus vestidos se han hecho grises por la pena y ya pocas cosas la hacían sentirse orgullosa, ya nada como el delgado anillo de plata que lleva en el dedo anular de su mano izquierda.

miércoles, 29 de junio de 2011

Discurrir.

Y sin darme cuenta me cansé. En un suspiro lento el peso de los recuerdos profanaron la paz, un dulce susurro retumbaba en mi mente como flagelos de felicidades turbiamente alcanzadas.

Lenta
        Sofocante
                          ¡Necesaria!

…Así definía esas extrañas sensaciones; recuerdos, manías, desaciertos. Un mar de buenas acciones opacadas por el grisáceo velo del tiempo, un corazón amable que olvidó el efecto que su andar tenía. Tal vez maldiciones, tal vez oraciones, tal vez las palabras escaseaban ante un manantial de imágenes que confundían y anhelaban; marjales atemporales atestados de vivencias propias y ajenas.

Mezclaba sueños y pesadillas – sin contar una que otra tontería-. Buscando siempre ese momento en que las voces en mi cabeza dejaran de gritar respuestas a acciones no vividas. Así es mi mente, un bosque de imágenes volátiles, impregnadas de fugaces reacciones, inmensas sensaciones, sublimes melodías…

domingo, 26 de junio de 2011

sábado, 25 de junio de 2011

Capítulo tres: infructuoso trámite

Es él…

Se encontraba mirando a aquel hombre de ojos verdes, completamente enajenada, sin embargo fue solo hasta que el viento sopló que el noto su presencia. Tenía como separador de páginas una hoja gruesa de diversas tonalidades de verde, cosa que desvió momentáneamente la atención de Anna Elise de la cara de aquella persona al curioso objeto.

No es tan difícil encontrarte Eli – Levantó la cabeza para mirarla a los ojos, su presencia le resultó perturbadoramente familiar –Debes cuidar más eso, dentro de poco vendrán a buscarte personas no muy agradables.

Disculpa, ¿cómo sabes mi nombre? –Tal vez él no era una persona muy agradable, alguien con la capacidad de entrar en los sueños no debía serlo, pensó- ¿Quién eres?

Sí recordaba lo desconfiada que era, pero supuse que después de lo del fin de semana no lo serías más –Y con una mirada de nostalgia recorrió el rostro de Anna Elise- Soy Jasper van Aldenberg –Le estiró la mano para saludarla formalmente-Supongo que una presentación tal y como es debido no está de más en este caso.

Me resultas familiar…

¿Qué le sucede a tu memoria?, todo un sueño de regresión durante dos días seguidos y sigues desconfiando de mí, ese es el objetivo de ese trámite Eli.

Anna Elisa ahora estaba más que convencida que aquel hombre fue quien invadió su conciencia durante el fin de semana, pero no se sentía cómoda comunicándoselo, no sabía quién era, ni que intenciones tenía, no lo sabía certeramente pero algo dentro de ella la invitaba a acercarse al extraño, esto último la confundió aún más, ¿Será algún truco de esta persona para que haga lo que me pida?, no se sentía como eso.

Jasper van Aldenberg, lo lamento pero debo entrar al trabajo, debo irme.

¿Tu pie ya sanó?

Su corazón volvía a desbocarse, Anna Elise tenía unas manchas de nacimiento en el pie izquierdo, manchas que desde hace una semana se habían estado moviendo, por lo que ella había pedido que le revisaran tan inusual sensación por miedo a cáncer, pero los resultados aún no llegaban. ¿Sería aquel sujeto amigo de sus médicos, tal vez colega?

Sí, esta mañana no tuve más dolor, ¿es usted médico, por eso ha venido, para decirme que tengo cáncer?

No tienes cáncer Eli, pero te aseguro que es algo aún más trascendental, ya veo que aún no estás preparada, volveré en otro momento.

martes, 21 de junio de 2011

No se me importa un pito que las mujeres...



No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.


Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias; 
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.

Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,

y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.



Oliverio Girondo

domingo, 19 de junio de 2011

Un mal día.

Salomón guardó silencio. Por un momento sintió el peso del tiempo doblegar sus piernas, en tres segundos su tez se transfiguró haciéndole envejecer  treinta años, así;  como un alma  marchitada por la edad, aquel jovial rostro quedó enterrado en marejadas de arrugas y enigmas. Guardó silencio remembrando cada pequeña faceta, todas aquellas variables que minúsculas desbocaban en un aciago día, un día de mortuoria tristeza.

Un pequeño grito impulsado por el cólera y sentimientos de rebeldía desembocó aquel suspiro previo a un infarto; un simple grito abonó la muerte de su abuela. El impulso de correr negándose a enfrentar tan inhóspito suceso generó aquel amargo accidente: tres niños en estado de coma por una moto que perdió su rumbo al evitar golpearlo.

Como si las maldiciones encontraran refugio en su aliento temía hablar y destruir el mundo; corrió rápido,  corrió rumbo al Norte. Cada paso le revelaba un paisaje cambiante, la alegría era derrocada por caos y confusión, aquellas bellas melodías ofrecidas por los niños se tornaban densas, lúgubres…   
Una vez en el risco del Norte contempló el abismo con seductores ojos,  escuchaba voces maldecir en su cabeza, oía llantos, risas susurros. Una voz que le invitaba a saltar para así abandonar esa locura, otra voz que le suplicaba cordura y redención.

Salomón guardó silencio mientras dejaba que el peso del tiempo doblegara sus piernas.

viernes, 17 de junio de 2011

Mentiras del pasado.



Canción con canción recuerdo,
Aquellas bellas historias, sinfonías
Raudas que me hicieron hombre.

Día y noche me siento solo,
Alejado de aquellas dulces promesas,
Mentiras siempre dispuestas.

Oraciones de benditas esperanzas
Melodías de negro corazón,
Odas a un tiempo que nunca llegará.

lunes, 13 de junio de 2011

Capitulo Dos: El primer encuentro

Sus manos poco a poco se salían de control, brillaban en una especie de fulgor azul que penetraba los rincones de aquel lugar de amplios techos, el fulgor se apoderaba de sus dedos, de sus manos y subía por sus brazos hasta tomar posesión de sus hombros y al conectarse en su pecho se extendió completamente en su cuerpo.

Anna Elisa se había convertido en una luz antropomorfa de consistencia líquida y tonalidad azul, sus cabellos ondeaban entre la habitación como al estar bajo el agua. La mujer de piel morena se puso en pie frente a Anna y sobre ella extendió sus brazos líquidos para bajar a la joven y devolverle su consistencia natural, acto seguido, su cuerpo suspendió actividad.

Él había llegado a ese lugar tal y como Anna Elisa lo había hecho, sin idea certera del cómo y el por qué, pero con una plena certeza de encontrarse mejor allí que en ningún otro lugar antes. Presenció aquella majestuosa transformación en elemento que realizó ese joven cuerpo, pero ella solo pudo divisar a un muchacho alto de ojos verdes que le centelleaban a través de aquel velo que rodeaba su humanidad.

Cuando Anna abrió los ojos, un hombre de grandes proporciones se encontraba absorto en la lectura de un grueso libro sentado a los pies de su cama, al notar el cambio en el ritmo de respiración Mark miró el rostro de la joven, la saludo con una cordial sonrisa y se retiró de la habitación. Al regresar con dos tazas de té, no se volvió a marchar hasta la salida del sol del día siguiente.

Te quiero.

Tus manos son mi caricia 
mis acordes cotidianos 
te quiero porque tus manos 
trabajan por la justicia 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

tus ojos son mi conjuro 
contra la mala jornada 
te quiero por tu mirada 
que mira y siembra futuro 

tu boca que es tuya y mía 
tu boca no se equivoca 
te quiero porque tu boca 
sabe gritar rebeldía 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos 

y por tu rostro sincero 
y tu paso vagabundo 
y tu llanto por el mundo 
porque sos pueblo te quiero 

y porque amor no es aureola 
ni cándida moraleja 
y porque somos pareja 
que sabe que no está sola 

te quiero en mi paraíso 
es decir que en mi país 
la gente viva feliz 
aunque no tenga permiso 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos.


Armando Benedetti.