lunes, 14 de febrero de 2011

La libertad del evitar la consciencia

Las maracas y los bongós hacían mover sus caderas a cuadras de distancia, la fiesta siempre comenzaba a las seis, pero Mercedes terminaba oficio en casa de los Abreu a las siete. Los flamboyanes recrearon una larga alfombra roja por la que ella se sentía caminando hacía la función más esperada del año, para ella, al menos lo era la de la semana.

Vestidos brillantes de quienes podían permitirse tal adquisición iluminaban la pista más que los reflectores, Elías, el eterno compañero de la negra Mercedes le pidió la próxima canción nada más verla entrar por la cortina que servía de puerta para el club. Las trompetas recibieron a Mercedes con su estruendo característico y agradeció a Víctor una vez más, tal como lo hacía cada viernes en la noche, el permitirlos estar en ese lugar, celebrando la maravillosa fiesta que les proporcionaba la salsa.

Eran tiempos difíciles y la dictadura había prohibido estas expresiones a menos de estar autorizada por el gobierno de Trujillo, así que Mercedes agradecía el hecho de que su vecino de toda la vida, Elías Cestero, fuera admitido en el ejército siete años atrás.

Entre flamboyanes y salsa, Mercedes tenía el primer vestigio de libertad en aquellos años de miedo y muerte en las calles. A los veintitrés años era esposa de un desaparecido y madre de un pequeño al que la señora Candelaria le cuidaba el día entero mientras ella llevaba a casa lo poco que le pagaba la señora Abreu por cocinar todo el día y cuidar a sus tres hijos. Mercedes quería abrir una tienda para vender la ropa que ella misma podía confeccionar, pero su color de piel no le permitía aspirar a ganarse el sueldo en otra cosa diferente a ser asistenta en casa de alguna persona adinerada.

Mercedes llegaba a casa los viernes a las once de la noche, ese día, el pequeño Horacio dormía en casa de la señora Candelaria, y Mercedes, dejando todo vestigio de locura en la puerta de su pequeño rancho, entraba saludando al hombre al que la dictadura le quito de los brazos dos años atrás, y manteniendo una fluida conversación con él, se desnudaba para tomar el baño nocturno junto a su amado. Dándole a su alma la dicha de sentir a quién conscientemente sabía, no volvería, pero en ese momento, en esos momentos, era algo que realmente no le importaba.

1 comentario:

  1. Ella es un sueño hecho cuento, la magia en la cotidianidad, la magia a pesar de la adversidad.

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