martes, 28 de diciembre de 2010

Agüeros.

La policía estaba desconcertada, dentro del crucero nadie logró ver el momento en el cual Mr Wayne se alejó de la sala de recepción, su esposa afirmaba que la última vez que cruzó palabra  con él fue cuando éste decidió ir al camarote del barco a tomar doce uvas brasileras antes que sonaran las campanas de año nuevo.

Efectivamente, los detalles hacían suponer que Mr Wayne  había llegado hasta el camarote, al abrir la puerta se lograba divisar la mesa de noche entre abierta, sobre el suelo regadas se encontraban las doce uvas; sin embargo, lo verdaderamente  curioso es que frente a éstas, la ropa llevada por Mr Wayne se disponía sobre el suelo ordenada de como si él se hubiese esfumado en el aire.

Al examinarla, un pequeño charco de sangre se empozaba sobre la faja del traje  y ésta presentaba un orificio, además, lograron encontrar un casquillo calibre 38 bañado por  algo de pólvora sobre la ventana que daba hacia el pasillo. No habían huellas, arrastre de sangre, evidencias de violencia en la puerta, simplemente  dos extrañas marcas en la ventana.

Mr Wayne fue el foco de las noticias, no era muy adinerado, sin embargo, tenía suficiente dinero para para cambiar la vida de 200 obreros que se encontraban bajo su cargo, su seguro de vida estaba destinado a la beneficencia, su gran empresa dirigida por una asociación anónima, no tenía hijos y su esposa ya disfrutaba de una considerable pensión, los investigadores no encontraban un móvil claro, para descrestar aún más, el primero de Enero, a las 00:10, múltiples retiros bancarios se realizaron de sus cuentas en tres continentes.

La policía no encontraba manera de calmar a la recién viuda, las noticias hablaban sobre abducciones extraterrestres y mil creaturas fantásticas más, lo único que quedó claro es que nadie más comería doce uvas en año nuevo, ¡Jamás!

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