miércoles, 29 de diciembre de 2010

Eventualidades.

-¡No te creo nada Carlos!
-¡Lo juro! Cuando caminaba por la finca noté como un fantasma me perseguía, corrí y corrí   hasta encontrarme con el vecino, fue él quien ahuyentó al espanto.
-Bah, puras patrañas –añadió Samuel- , los fantasmas no existen.
-¿Ah sí? Pues los reto a todos ustedes, pasemos una noche en la casa abandonada que queda a las afueras de la ciudad, sobre la ruta que lleva a la cascada.

La discusión se mantuvo por algunas horas más, finalmente los tres muchachos decidieron aventurarse el Sábado próximo, cuando la Luna Nueva brillase con mayor intensidad. El aire frío silenciaba los alrededores, a la par, aquellos inmensos árboles del lugar proyectaban sus sombras con majestuosidad;  al entrar, una nube de polvo nubló la visión asfixiando a los comensales de turno.

Invadidos por espasmos y tos encendieron velas, Carlos avanzó un poco sosteniendo su crucifijo, al dar tres o cuatro pasos se viró y descubrió que estaba solo.

-¡Samuel, José, salgan!, no lograrán asustarme, no se escondan, miren que no es gracioso.

Pero nadie respondía a su llamado, se devolvió rápidamente hacia la puerta, al abrirla y atravesarla extrañamente entró a un lugar similar a una cocina, desconcertado corrió hacia atrás para regresar, pero se tropezó y su cuerpo cayó junto a las escaleras en el segundo piso, nada parecía tener coherencia, nada en el lugar.

Samuel vio como Carlos avanzó, al intentar seguirle el paso notó la sombra de él alejarse cada vez más rápido, el polvo se esparcía por la sala y sólo lograba distinguir su contorno, enojado porque Carlos no atendía a sus llamados se abalanzó sobre él para hacerlo caer; sin embargo falló y su cuerpo se desplomó a los pies de la silueta. Al levantar la vista vio a Carlos disfrazado con una sábana blanca intentando fútilmente asustarle, Booh, Booh decía él, Samuel colérico se levantó y en un sólo movimiento le arrebató la sábana, al caer ésta vio ante sí, un rostro deforme lleno de expresiones lastimeras, ¡BOOH! Gritaba la creatura con voz gutural, ¡BOOH! Y su rostro se empezaba  a deformar.

Samuel corrió asustado sin ver el agujero en el suelo, al caer por éste, unas tablas viejas astilladas le atravesaron su cuerpo, lentamente moría desangrado, en ese instante, observó  aquella blasfema figura que se tapaba con una sábana mientras soltaba una sutil carcajada.

José en cambio encontró a una tierna niña que asustada temblaba en el suelo, se acercó dudoso pero lleno de curiosidad, cuando le preguntó la razón de su llanto, ella le respondió “no me gusta ver sangre” ¿Cuál sangre ves? –preguntó instantáneamente- La tuya respondía ella, la tuya… José notó como su piel empezaba a sangrar y miles de insectos se abalanzaban sobre él para así beber de su vital fluido, José atravesó la puerta de la Sala de Estar y se encontró en un jardín, entre la nube de insectos divisó a la distancia un pozo para sacar agua, motivado por su instinto de supervivencia se arrojó en éste sin saber que se encontraba vacío.

Carlos notó como José corría por el piso inferior gritando como un loco, al mirar la ruta por la cual él venía vislumbró una sombra que se acercaba, aquella mancha  se detuvo frente a las escaleras y comenzó a subir por ellas. José miró por la inmensa ventana que se levantaba a su izquierda, aquella majestuosa Luna -la cual presentaba un rojizo tono-, brillaba y sangraba a la vez, devolvió su mirada hacia las escaleras y descubrió que la sombra había adoptado una figura humanoide, asustado saltó por la ventana hasta caer  sobre un frondoso y espinoso limón, árbol del cuál por miedo nunca abandonó.

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